La mayor parte de las noches suelo preguntarme sobre él, pero desconozco sus rutinas, así que nunca obtengo respuesta, ni aunque les pregunte a las estrellas. Y cuando miro a las estrellas también pienso en él.
A veces cierro los ojos e imagino que estoy tumbada a su lado, sin un fondo definido, sólo con los ojos cerrados y escuchando esa voz tan sensual. “Háblame de ti” –le diría- “A veces me da la sensación de que no te conozco apenas”.
No es aquel desconocido cuya mirada me deslumbró la primera vez, cuya mirada consiguió que terminara acercándome a él, esa mirada que entonces ya me hechizó. Pero sigo desconociendo muchas cosas de él. Y, sin embargo, ese aura de misterio en torno a él me encanta.
Cada noche, sobre esta hora, me pregunto qué estará haciendo porque siento enorme curiosidad. Siempre sentimos curiosidad insaciable por las personas que queremos.
Mañana por la tarde tendré muchas horas para pensar en él. Porque ahora ya no libraré los martes por la tarde, sino que serán los miércoles. Esas tardes que me gustaría pasar con él. Tendré que soñarlas.
A falta de diez minutos de la una de la madrugada, es un buen momento para ir a dormir, para seguir haciéndome preguntas sin respuesta, pero con el recuerdo de su rostro angelical en la mente. Abrazaré la almohada esta noche.
No hay comentarios:
Publicar un comentario