Eran las tres de la madrugada cuando había cogido el coche para regresar a casa. Entonces le vi. Le vi y volví a aparcar en el mismo sitio. Pensé dónde podían estar y a aquel bar me dirigí. Sólo quería tomar una cerveza con él. De hecho, no esperaba quedarme varias horas más, sobre todo cuando ya me había mentalizado para irme a casa. Pero entre marcharme y compartir unas horas con él, no había ocasión para dudar.
Les dije la verdad, que les había visto y había vuelto para tomar algo con ellos. Pero sólo una…
Le miré y vi la perfección en la profundidad de sus ojos. Me gusta mirarle, ahora además que soy capaz de mantenerle durante más tiempo la mirada, que soy capaz de no desviar los ojos en todo momento… Estaba guapísimo.
La noche iba pasando. Tenía decidido marcharme, pero a última hora decidí quedarme. Pese al cansancio, pese a que tenga una especie de resaca hoy… me alegro de haberme quedado. Sigo pensando que me encanta su forma de pensar, su visión de todo… A veces le miro y siento el deseo de acariciarle, de decirle que es encantador. Recuerdo que algo le dije, algo muy sutil, le dije que tenía cara de ángel, pero no era una frase que estuviera fuera de lugar, sino que estaba fielmente incrustada en la conversación que estaba teniendo lugar.
Volvió a sorprenderme. Eso me gusta de él, que siempre termina sorprendiéndome. Recuerdo las cosas que decía, me recuerdo escuchándole y saboreo esos momentos porque son demasiado especiales.
A rasgos generales, puedo decir que la noche fue mágica. Sé que volveré a ello, concretando con palabras que no pueden caer en el olvido. Palabras demasiado hermosas para no dedicarles unos minutos.
Mis padres se marchan esta noche a Benidorm. Y yo voy a echarme, aunque estaré leyendo. Lo que no he podido hacer esta mañana, ya que escuchaba unos martillazos muy crueles al despertar. Pero eso se ha atenuado al pensar en él.
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