Si alguien me preguntara qué he hecho durante todo el día no recordaría nada. Laboralmente ha sido mucho, pero no lo recuerdo. Lo que recuerdo es su rostro angelical, el mismo rostro que invita a besos que tengo que imaginar. Es como si su imagen, como si los minutos con él, como si cada encuentro de él eclipsaran todo lo demás.
Me da tanto cada día… A veces me gustaría decirle al oído: “Gracias por todo lo que me das cada día, gracias por hacerme sonreír cada mañana, gracias por regalarme un trocito de felicidad…”.
A unos pocos minutos de ir al encuentro de Morfeo, suspiro e imagino lo que me gustaría quedarme dormida cada noche en sus brazos. Me voy a soñar con él. Lo recuerde mañana o no, estoy segura de que esta noche soñaré con él…
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