"Era la más linda Cenicienta que vi nunca. Tenía dieciséis años, un libro de piratas bajo la almohada y, como en los cuentos, una hermanastra mala que había vendido su virginidad al portugués Almeida, quien a su vez pretendía revendérsela a don Máximo Larreta, propietario de Construcciones Larreta y de la funeraria Hasta Luego...".
Con 94 páginas bien vale pasar la última media hora saboreando de la lectura de este relato, aunque me lo sepa de memoria. En los últimos años a veces recordaba el libro de piratas (La isla del tesoro) solitario sobre el asiento de un camión. Para ser un relato tan breve la historia da mucho juego. He visto la película, he escuchado el libro-audio y había leído la novela de una biblioteca. Pero hoy me apetecía leerlo de nuevo. Es tan breve que, cuando quieres darte cuenta, ya estás en el final.
Cachito fue el título de la película, pero debería haber sido Trocito. En el tatuaje de él es lo que pone y como dice el camionero, está buscando su Trocito, quizás sea ella.
"Y yo suspiré hondo, muy hondo, apreté los dientes y me dije que aquella era una noche tan buena como cualquiera para que me rompieran el alma. Porque hay momentos en que un hombre debe ir a que lo maten como dios manda".
Manolo, un camionero que acaba de conseguir su primer trabajo después de haber pasado año y medio en el talego, para en un puticlub a aliviarse con la Nati. Cuando está a punto de marcharse, se queda observando a una niña que se encuentra tras una puerta. En los ojos de la niña de dieciséis años lee que ella nunca será puta.
Lleva unos kilómetros conducidos cuando escucha ruidos en la parte detrás del asiento, donde se encuentra la litera. Allí aparecen los ojos asustados de la niña. Él decide devolverla al puticlub. Ella le cuenta que han vendido su virginidad por 40.000 pesetas, que quiere ver el mar, que no quiere ser puta.
Manolo no quiere meterse en líos, así que tras dejar a la niña en el puticlub se vuelve a marchar. Un rato después encuentra La isla del tesoro en el asiento del copiloto y decide volver al puticlub a rescatar a la niña.
A partir de ese momento, Manolo y María comienzan la huida hacia Portugal, seguidos por el chulo portugués Almeida, su guardaespaldas Porky y la hermana de la niña, la Nati, que les persiguen en un coche funerario por las carreteras del sur, mientras el resto de los camioneros desean suerte al Llanero Solitario y su Petisuis.
"Ya he dicho que nunca fui un tío muy instruido ni sé mucho de sentimientos; pero comprendí que ese olor, o su recuerdo recobrado, era mi patria y mi memoria. El único lugar del mundo al que yo deseaba volver y quedarme para siempre".
Manolo decide meterse por carreteras secundarias y la niña decide acostarse con él, le explica que para Almeida el comercio de su virgo es un asunto de honor, pero tendrá que deshacer el pacto si ella deja de ser virgen. Son sorprendidos por sus perseguidores, desnudos en la cama sin haberse tocado siquiera, y Manolo vuelve a escapar con la niña.
Finalmente llegan al mar y se funden con las olas, en un abrazo, mientras junto a las dunas aparca un coche fúnebre.
"Y era el momento, y era toda mi vida la que estaba allí a orillas del mar en aquella playa. Y de pronto supe que habían transcurrido todos mis años, con lo bueno y con lo malo, para que yo terminase viviendo ese instante. Y supe por qué los hombres nacen y mueren, y siempre son lo que son y nunca lo que desearían ser".
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