miércoles, noviembre 09, 2011

La maleta abstracta

Si mi corazón fuera una maleta, tendría problemas para cerrarla. Aunque su contenido es invisible a los ojos, se desborda por los lados. Es curioso lo que a veces guardamos dentro y es curioso cómo a medida que pasan las horas no somos conscientes de ese contenido más que durante unos minutos al día. Yo creo que es bueno pensar en lo que llevamos en el corazón: lo que se incrustó hace mucho tiempo dejando una huella profunda, difuminada e imborrable; los huecos que ya no se pueden llenar; las ilusiones y las esperanzas; los secretos y lo que desconocemos que llegará; y el amor actual, ese que tanto me llena cada mañana, ese que tanto me ciega quizás en algún momento, ese que me hace sonreír en cada segundo, ese que me brinda tal felicidad que me resulta, a veces, complicado expresarlo con palabras. Ese amor eclipsa, en muchas ocasiones, todo lo que me rodea. Y es que él me llena con su presencia, con su mirada, con su sonrisa, con su voz, con su rostro lleno de bondad, de inteligencia, de nobleza, de misterio. Será que es un ángel, el mismo que me regala la magia sin saberlo, el mismo que colorea cada día cuando aparece durante unos minutos, el mismo que me hace sonreír.
Dar sin esperar nada a cambio. Caminar, llorar, reír, gritar, saltar, estar bien, estar mal… siempre cerca de él, siempre con él en el corazón, siempre con su recuerdo muy presente. Creo que el amor es eterno.
Le echo de menos. Hoy no he sabido nada de él. Sé que está cerca, pero no siempre me encuentro con él. Y cuando no le veo, aunque deseara que no fuera así, el día se encuentra un poco más apagado.
Pero mi corazón no es ni podrá ser nunca como una maleta. Lo que siento no se puede medir ni pesar y no me cabría ni en mil maletas. Es sorprendente cómo un órgano tan pequeño puede albergar tanto sentimiento.

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