He estado paseando bajo la lluvia. Se me había olvidado lo que es pasear bajo la lluvia entre las luces borrosas de los coches. Imaginaba que iba con él. Sin embargo, iba con el perro, que tiraba de mí en todas las direcciones. Se me había olvidado lo que me gusta caminar bajo la lluvia, aunque luego llegue a casa con los bajos chorreando de agua. Deseaba encontrarme con él, pero ni siquiera he visto su coche en el momento en que he ido al veterinario.
Tengo que volver, porque estaba cerrado. He llamado al teléfono que había y me han dicho que tenía que ir a Nájera. Pero me ha dado pereza. Prefería caminar con el perro bajo la lluvia.
Al llegar a casa mi hermano pequeño me ha retado a jugar al Scattergories con él. Me ha ganado, aunque con alguna trampa. Hacía tiempo que no echábamos una partida de mesa.
La de veces que nos juntábamos en alguna casa a jugar al Trivial, al Tabú, al Hotel, al Pictionary, al Scrabble, al Monopoly, al Risk, a la Oca, al Parchís y, por supuesto, a las cartas. Ahora, con tanta tecnología, todo eso se ha perdido.
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