
Al final, sin pensar, me encontraba nuevamente escuchando esa voz tan dulce, tan sensual... Me quedaría escuchándole horas, durante horas y horas. Su voz es como una caricia aterciopelada. Y siempre que hablo con él me quedo sonriendo, me encuentro feliz.
Ahora, al repasar mentalmente lo que le he dicho, soy consciente de las insinuaciones claras que he pronunciado en voz alta. En ese momento no era consciente del mensaje implícito que le estaba enviando, pero al pensarlo he sentido el rubor. Mi rubor era rojo pasión, por lo menos.
No sé qué tiene él que sólo de pensar en él todo lo que me rodea es perfecto. Debe ser cosa de magia.
Creo que debería ir a casa.
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