A veces me pregunto qué hay tras el horizonte. Está ahí, en un anaranjado atardecer junto al mar. Cuando pienso en ese atardecer imagino los atardeceres que me gustaría observar con él, abrazada a él.
Cuando me pregunto qué hay detrás de la sutil línea del horizonte, mi imaginación vaga una vez en su dirección. Si pudiera traspasar el horizonte me gustaría que fuera con él. Sin embargo, es complicado alcanzar ese horizonte que se perfila tan lejano. Bello y lejano.
De momento, me contentaré con observarlo. Sin hacer preguntas.
De momento, me contentaré con observarlo. Sin hacer preguntas.
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