Le echo de menos. Esta noche me dejaré mecer por su imagen. Tengo que dedicarle unos minutos antes de dormir. Porque hoy me siento un poco extraña ya que apenas he tenido tiempo de dedicarle unos pocos pensamientos, quizás porque he estado muy saturada. No me extraña que a eso de las siete me empezara a doler la cabeza, un dolor que ha remitido en cuanto he visto que él aún seguía. Tan cercano. Tan cerca y tan lejos a la vez.
Daría un mundo por quedarme dormida en sus brazos esta noche. Es que me da la sensación de que un abrazo suyo tiene que ser reconfortante. Daría un mundo por susurrarle que es adorable, por sentir la magia cada minuto del día...
Es hora de ir a dormir.
Estoy pensando que hace mucho que no le escribo nada. Tanto que no recuerdo la contraseña de lo que le escribía. Me gustaba escribirle de vez en cuando algún correo electrónico. Sentía que él podía escucharme (en vez de leer lo que había escrito), y me gustaba compartir fragmentos del día, nimios, ni más ni menos importantes, rutinarios muchos de ellos... con él. Un buen día dejé de escribirle. No hay en realidad un motivo para que me mantuviera callada. Simplemente dejé de hacerlo. No sé por qué.
Ahora que lo pienso quizás sí que haya un motivo. Dejé de escribirle desde aquella noche en que recuerdo las gotas de lluvia mojando el asfalto y su mirada, al darse la vuelta, una mirada que creo que vio más allá de mí. A veces, cuando pienso en aquella noche, me da la sensación de que él sabía que iba a llorar. No lloré en una hora, ni en dos. Lloré al conducir a casa, al intentar dormir, al día siguiente... Conseguí mantenerme rígida cuando había gente delante, pero me desmoronaba cuando estaba sola. Durante muchas noches, durante muchas semanas... Incluso estuve evitando encontrarme con él... durante meses.
Tengo muy presente esa noche. Algo se rompió, soy consciente de ello. Me rompió el corazón. Y creo que sólo sirvió para enamorarme de él. A partir de aquel momento asimilé que me había enamorado de él, aunque quizás llevaba enamorada desde mucho tiempo antes. Ahora, cuando lo pienso, creo que aquella noche del lejano mes de abril constituyó un "antes" y un "después". Antes le escribía correos electrónicos; antes, por cualquier cosa, me ponía en contacto con él. Ahora me gustaría escribirle, pero algo me contiene, como la infinidad de veces que me he contenido en los últimos meses.
Claro que también me gustaría, mucho más que escribirle, besarle, acariciarle, perderme en su mirada perfecta, escuchar su voz... y tampoco lo hago. Así que tampoco saldrán palabras de mi teclado esta noche, no en esa dirección.
No sé por qué he pensado en esa noche. Ahora la veo lejana, pero está demasiado presente. Y hoy estoy contenta, aunque no me haya cruzado con él. De hecho, me voy a soñar con él.
Le quiero demasiado.
Le quiero demasiado.
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