Ni un alma se veía por la calle cuando volvía a casa. Mi mirada ha observado los pocos coches aparcados, jaspeados con el rocío de la noche. He vuelto a mirar. Recuerdo que he pensado: "Él ya se ha ido". Entonces he arrancado. Pero él aún seguía. Al torcer... Al torcer por una calle he sabido que él aún estaba allí... tan cerca y tan lejos a la vez.
¡Cuántas veces me hubiera dado la vuelta para ir a su encuentro!
Creo que he perdido la cuenta de las veces que en las últimas semanas me he obligado a continuar sin mirar atrás.
Si me dejara llevar por el corazón, sé que se me desmoronaría un día sí y otro también. Así que, de algún modo, "eso" que me lleva a seguir mi camino me protege. Y esto me lleva a pensar en que tengo miedo. Pero miedo, ¿de qué? Quizás de que me hagan daño.
Tengo miedo de que me vuelvan a romper el corazón. Él ya me lo rompió una vez. De alguna manera, me protejo. Pero visto lo de hoy, ¿era mi mente la que hablaba o era mi corazón? Creo que era mi corazón. Me da pánico que a veces sea el corazón el que hable, porque él podría notarlo. Creo que me alejaré un tiempo de él. Ojalá todo fuera tan sencillo como alejarse un tiempo de la persona a la que amo tanto. No es fácil, porque cuanto menos le vea o sepa de él, más me acordaré de él. No es fácil, porque echaré de menos la magia. No es fácil, porque los días grises seguirán siendo grises. Lo que no quiero es que mi corazón hable por mí y si tengo que silenciar lo que siente necesito distanciarme de él. Aunque sea duro. Sé que es duro, ya he pasado por ello. Y mucho más ahora que soy consciente de todo lo que siento por él.
No sé cuánto tiempo necesito para desenrollar el embrollo de ideas que flotan en mi cabeza. Sé lo que quiero y eso mismo a veces me recuerda a las viejas heridas que no están cerradas del todo.
Sé lo que es que te rompan el corazón y no quiero volver a pasar por ello.
Porque a veces las cosas no son como nos gustaría que fueran. A veces es suficiente un minuto para saber lo que quiere una persona. Ojalá no fueran tan evidentes las señales de las personas que no nos gustan. Tres cafés en un mes. Aquel que se para a hablar contigo aunque no tenga nada que decir. Quien te invita de copas a su ciudad porque sólo te conoce del trabajo...
Con el de los cafés termino hablando del tiempo, conversación banal allá donde las haya. E ignoro las señales que vienen de la otra persona.
Con el que se para a hablar, la oportunidad pasó hace año y medio, desapareció algo que nos había hecho entablar conversación durante unas horas y ya nunca más volvió. Sin embargo, yo sé que algo de mí le fascina. Le fascina tanto que lo veo en su mirada cada vez que me mira con esa... adoración.
Con el de las copas, le pegué un corte que no volvió a decir nada más que se saliera de lo estrictamente laboral.
¿Por qué siempre gustamos a personas que no nos hacen tilín...?
¿Por qué la única persona que me hace sonreír muestra tanta indiferencia, por qué no me permite acercarme a él, por qué no toma cafés conmigo...? ¿Por qué la vida es tan injusta a veces?
Alejarse conlleva muchas cosas. Esta vez lo hago por mí. Me da la sensación de que para él soy demasiado transparente. Necesito tiempo para mí, para poner en orden este rompecabezas en que ahora me encuentro.
Él seguirá siendo adorable mañana, y la próxima semana, y dentro de un mes, y cuando pasen veinte años. Su magia seguirá intacta. Jamás había amado de esta forma a nadie, pero siento que necesito alejarme un poco de él.
Lo que me falta es el amor. Pero un amor bilateral, no de un único sentido. No me vale con amar sólo yo. Quiero alguien a quien cubrir de besos y que me bese cada noche, alguien a quien pueda abrazar antes de dormir y que me abrace de vez en cuando, alguien con quien compartir cada risa y cada pena, alguien a quien hacer confidencias, alguien a quien no necesite decirle nada y que nos baste con mirarnos a los ojos, alguien a quien dar la mano por la calle. Alguien con quien hacer el amor cada noche, en cada amanecer, cada fin de semana. Alguien con quien compartir experiencias nuevas. Alguien que me regale una sonrisa cada mañana, alguien a quien desear dulces sueños cada noche. No debe ser complicado.
Cuando pienso en alguien así mi mente se concentra en una única mirada, en un único rostro, en una única sonrisa, en una única voz... en una única persona. Es inevitable. Pero no me conformo. No puedo conformarme con la imagen de una persona, con los rápidos minutos al día que me cruzo con él, con los recuerdos que me quedan...
No soy de piedra. No estoy triste, estoy contenta. Pero a veces me encuentro en una encrucijada en la que tengo que decidir. Lo que ocurre es que esta tarde mi corazón ha hablado por mí. Y creo que él ha podido darse cuenta de los mensajes entre líneas que, aunque han sido de manera desinteresada, ahora emergen de la nada como una nota de sinsabores. No debería dejarme llevar por el corazón con esa facilidad. Soy consciente de que él lo puede notar y no quiero que lo note.
Me alejaré unos días. Sólo tengo que desear ser invisible y evitar los lugares donde podría encontrarme con él.
Alejarse conlleva muchas cosas. Esta vez lo hago por mí. Me da la sensación de que para él soy demasiado transparente. Necesito tiempo para mí, para poner en orden este rompecabezas en que ahora me encuentro.
Él seguirá siendo adorable mañana, y la próxima semana, y dentro de un mes, y cuando pasen veinte años. Su magia seguirá intacta. Jamás había amado de esta forma a nadie, pero siento que necesito alejarme un poco de él.
Lo que me falta es el amor. Pero un amor bilateral, no de un único sentido. No me vale con amar sólo yo. Quiero alguien a quien cubrir de besos y que me bese cada noche, alguien a quien pueda abrazar antes de dormir y que me abrace de vez en cuando, alguien con quien compartir cada risa y cada pena, alguien a quien hacer confidencias, alguien a quien no necesite decirle nada y que nos baste con mirarnos a los ojos, alguien a quien dar la mano por la calle. Alguien con quien hacer el amor cada noche, en cada amanecer, cada fin de semana. Alguien con quien compartir experiencias nuevas. Alguien que me regale una sonrisa cada mañana, alguien a quien desear dulces sueños cada noche. No debe ser complicado.
Cuando pienso en alguien así mi mente se concentra en una única mirada, en un único rostro, en una única sonrisa, en una única voz... en una única persona. Es inevitable. Pero no me conformo. No puedo conformarme con la imagen de una persona, con los rápidos minutos al día que me cruzo con él, con los recuerdos que me quedan...
No soy de piedra. No estoy triste, estoy contenta. Pero a veces me encuentro en una encrucijada en la que tengo que decidir. Lo que ocurre es que esta tarde mi corazón ha hablado por mí. Y creo que él ha podido darse cuenta de los mensajes entre líneas que, aunque han sido de manera desinteresada, ahora emergen de la nada como una nota de sinsabores. No debería dejarme llevar por el corazón con esa facilidad. Soy consciente de que él lo puede notar y no quiero que lo note.
Me alejaré unos días. Sólo tengo que desear ser invisible y evitar los lugares donde podría encontrarme con él.
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