Creo que va siendo un buen momento para pensar en marchar. Además ha salido el sol y hace un día (casi) perfecto. Me pregunto dónde estará él. En realidad, le echo de menos, como siempre que no me encuentro con él. Echo de menos su magia. Y, sin embargo, pese a estar a unos kilómetros de él, me encuentro hechizada.
Recuerdo sus palabras, esa voz tan sensual, y no puedo dejar de estremecerme.
Sé que conduciré durante diez minutos o un cuarto de hora y seguiré pensando en él.
Me encuentro contenta. Su recuerdo siempre me hace sonreír.
Es hora de marchar.
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