Podría decir, por una vez, que no le echo de menos, pero estaría faltando a la verdad. He perdido la cuenta de los días que no me encuentro con él en ningún sitio. Aunque el lunes pasado le llamé, me da la sensación de que han pasado muchas semanas desde entonces. Aquella llamada me llega demasiado lejana.
No hay estrellas en el cielo. Se me ocurren un sinfín de cosas que en estos momentos haría junto a él. Por ejemplo, pintar las estrellas del cielo. Aunque si él estuviera a mi lado, ¿para qué necesito estrellas en el cielo?
Se me ocurre pasear de la mano con él, ahora que las calles están silenciosas, pese al frío que hace.
Se me ocurre tumbarme en la cama junto a él y abrazarle hasta que se me cierren los ojos, acariciarle para saber que es real.
Después de tantos días sin verle su imagen aparece en mis recuerdos algo difuminada. Eso no quiere decir que se esté borrando, sólo sirve para hacerme anhelar un poco más su magia, su mirada, su voz, su sonrisa.
Le echo muchísimo de menos. ¿Qué será mañana?
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