A veces pasan las horas sin que casi me dé cuenta. Y así me han dado las tres y media en el supermercado. A medida que me iba acercando a casa, la niebla era cada vez más pronunciada. Echo de menos a mis padres. Cuando he llegado el perro estaba en la calle, porque seguramente se le había escapado a mi hermano. Y lloraba. Después ha comido y se ha puesto a temblar de frío. A las cuatro estaba comiendo yo. Sí que se me han echado las horas encima.
Recuerdo el momento, 'ese momento'. Cuando he pasado una vez y he saludado, cuando él empezaba a torcer la cabeza y yo ya había pasado. No podía irme sin decir nada, sin mirarle a esos ojos perfectos. Él siempre me hace sonreír.
Pese a la niebla, me gustaría pasar la tarde con él. Caminando por las calles embrumadas, escuchando esa voz tan sensual durante horas, tomar un café a media tarde, cogerle de la mano y no soltarle nunca y susurrándole mientras le miro a los ojos que es encantador.
Estaba guapo hoy... Y es que siempre está guapo.
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