A medida que conducía hasta Ezcaray, la lluvia era más persistente, aunque no mucho más. Pensaba en un ángel. Me reconforta mucho pensar en él. Siempre empiezan los días mejor cuando su imagen se va moldeando lentamente en mi mente.
Aunque en días lluviosos como hoy, más que estar en una oficina, daría cualquier cosa por quedarme en la cama abrazada a él. El día invita a ciertas cosas que, sin duda alguna, son para días de ocio. Sólo que la imaginación es gratuita.
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