Son unos demonios cántabros y vascos. Son personajes de forma imprecisa y las leyendas hablan de dos tipos diferentes. Una versión dice que son benignos y ayudan a las familias trabajadoras y caritativas. En la otra, son seres malignos, ya que siembran discordias entre las gentes y provocan reveses de fortuna.
Se dice que tienen el cuerpo blanco y la cabeza roja con huellas de viruela.
En el País Vasco, estos diablillos familiares, vinculados más a una persona que a una casa, solían quedar aprisionados en redomas o alfileteros, afanándose sin cesar para sus amos, que los habían encerrado allí y que los regalaban, compraban y vendían. Si el que les sacaba y les ordenaba trabajar no era el dueño, cuando terminaba la labor encomendada podían seguir haciendo cosas sin parar, destrozando todo lo que encontraban a su paso, hasta que huían.
2 comentarios:
Veo que te ha dado por la mitología patria. Buena cosa, un amigo de mi tío controla bastante de la cántabra.
Un saludo
Lo cierto es que me sirve de base para ciertas historias. En muchos cuentos que he escrito he tenido que meter elementos fantásticos.
Si alguna vez necesito seres mitológicos sólo tengo que entrar en el blog y buscarlos, cual si fuera una enciclopedia.
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