miércoles, julio 19, 2006

Un susurro en mi oído

Mody Blues: Noches de blanco satén

Esta noche Brecht se ha acercado a mí y me ha susurrado palabras hermosas al oído. Esto es lo que me decía:


Una voz
Entre todo el jardín
una rosa nos gustó.
¡Qué hermosa había florecido!
En marzo la plantaron
y no fue en vano, no.
¡Dichosos los que tienen un jardín!

Y cuando soplan los vientos de nieve
y a través de los pinos se les oye silbar,
¿qué nos puede pasar?
Hicimos nuestro techo,
de musgo y paja lo cubrimos además.
¡Dichosos los que pueden tener techo
cuando se oye a los vientos de nieve silbar!

La lista de lo necesario
Conozco muchos que andan por ahí con la lista
de lo que necesitan.
Aquel a quien la lista es presentada dice: es mucho.
Mas aquel que la ha escrito dice: esto es lo mínimo.
Pero hay quien orgullosamente muestra su breve lista.

El soneto undécimo
Cuando te envié a ese país extranjero
te busqué, contando con inviernos muy fríos,
los pantalones más gruesos para tu (amado) trasero
y para las piernas medias ¡bien tejidas!

Para tu pecho y para el bajo cuerpo
y para la espalda busqué pura lana
para que calentara lo que amo
y algo de tu calor se quedara conmigo.

Así que esta vez te vestí con cuidado
tal como a veces te desnudé (¡qué pocas!
¡Desearía haberlo hecho más a menudo!)

¡Mi vestirte te debía valer como un desnudarte!
Ahora sí, pensé, todo está bien escondido
para que no se enfríe, tan guardado.

Los amantes
¡Mira aquellas grullas formando un amplio arco!
Las nubes que les acompañan
ya se fueron con ellas cuando huían
de una vida a otra vida.
A la misma altura y con la misma prisa
ambas aparentan estar unas junto a las otras.
Que la grulla con la nube comparta así
el hermoso cielo que por breve tiempo surcan,
que por consiguiente ninguna permanezca aquí más tiempo
y que no vea más que el balanceo
de la otra en el viento, que ambas sientan
que ahora van juntas en el vuelo
aunque el viento quisiera raptarlas hacia la nada;
sólo si no perecen y se demoran
durante ese tiempo nada podrá tocarlas,
durante ese tiempo se las puede expulsar de cualquier sitio
donde amenacen lluvias o resuenen disparos.
Así bajo los discos poco diferenciados de la luna y el sol
siguen volando, a merced por completo las unas de las otras.
¿Adónde vais? -Hacia ningún lugar. -¿De quién huís?
-De todos.
Preguntáis ¿cuánto tiempo lleváis juntas?
Desde hace poco. -¿Y cuándo se separarán? -Muy pronto.
Así también el amor a los amantes les parece un apoyo.

Y corren tiempos oscuros
Y corren tiempos oscuros
en la otra ciudad,
pero se mantiene el andar ligero
y la frente sigue lisa.

Dura humanidad, inamovible,
igual a un pueblo de peces hace tiempo congelados;
pero el corazón sigue moviéndose deprisa
y la sonrisa sigue siendo dulce.

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