domingo, julio 30, 2006

Cuido los pequeños detalles

La primera vez que estuve en un colegio de monjas y el primer lema del que me acuerdo es "Cuido los pequeños detalles". Las monjas intentaron metérnoslo en la cabeza, pero no se aprende eso en un curso escolar sino a medida que van pasando los años.
Acabo de darme cuenta de que en mi casa hace mucho calor. He reparado en algo que está en la pared y que ni siquiera miro: el termostato. Marcaba 18 grados, lo he movido hasta el 14. Si sigo teniendo calor lo tendré que bajar mucho más.
En el baño tengo todos los botes cerrados. Me he acordado de que hace unos años mis hermanos, después de ducharse, siempre los dejaban abiertos... hasta que se fueron a vivir solos. De repente, después de que usan el baño, lo dejan todo recogido.
No puedo meterme a la cama si no está perfectamente hecha, así que siempre que me levanto, a no ser que tenga prisa, me esmero por colocarla en condiciones. No me cuesta mucho pues se trata simplemente de extender el nórdico. Tampoco puedo dormir con la almohada si está el cosido justo ahí, por lo que le tengo que dar varias vueltas para que el cosido de la funda no me moleste.
Creo que soy una histérica del orden y de la limpieza. En mi cocina se acumulan de nuevo pequeñas pelusas que no dormirán hoy ahí y, a pesar del calor, tengo ropa que planchar que no puedo meter al armario tal y como está ahora.
En mi estantería se perfilan los libros bien alineados, ordenados por orden alfabético mientras una réplica de Notre Dame preside el mueble del televisor.
He decidido no llenar las paredes con fotos ni pósters. Nunca me gustó exhibir fotografías excepto en álbums. Aunque sí tengo expuesta en el salón una foto, sólo una.
A veces creo que un poco de desorden vendría bien. Pero sigo teniendo todo perfectamente en su sitio.

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