miércoles, julio 19, 2006

Estoy como en una especie de burbuja


Y tengo miedo de que esa burbuja llegue a explotar de un momento a otro. No sé, me siento a punto de estallar. Me pongo música animada como el Voglio Vederti Danzare (¿será que mi próximo puerto me atrae tanto como para escuchar canciones en italiano?). El caso es que el bum bum de fondo no me gusta mucho, pero la canción en sí me provoca una energía absoluta, tal que necesito bailar. Es lo que pide Prezioso al cantarla ¿no?
Una burbuja, sí. Quiero que explote cuanto antes porque me da miedo de lo que hay dentro. Nada me afecta. Al final ha llegado un momento en que ni lo bueno ni lo malo me afecta. Sólo me importa irme de aquí, he encerrado en un cofre de filigrana y oro todo lo que sentía, ahora estoy vacía, porque al guardar todos los sentimientos ni siquiera me quedan las ganas de conocer a más gente. Estoy segura de que en Roma se me acercarán italianos o me acercaré yo a ellos con la excusa de que me hagan una foto.
En Baden-Baden desayunaba todas las mañanas en una cafetería italiana donde los camareros se quedaron con mi cara. Una noche, volvía al hotel cuando se me ocurrió tomarme un helado antes de dormir. Me dijeron que me lo daban aunque iban a cerrar de un momento a otro.
Salí a la terraza de fuera, que estaban recogiendo ya. La cafetería apenas tenía gente. Uno de los camareros salió a darme coba.
Me hablaba en italiano pero le entendía perfectamente. Me invitó a irme con él y con otro de los camareros de fiesta. ¡Je! Denegué la invitación, claro. Parecían buena gente, pero ya se sabe... eran italianos... y todos sabemos la fama que tienen.
Otra vez esa burbuja. Me encantaría abrir los ojos mañana por la mañana y que no me quedaran resquicios de nada ni de nadie. Me encantaría tener una amnesia tan profunda que no me acordara de nada.
Quiero que la burbuja explote ya pues cuando lo haga se convertirá en un arroyo y se llevará todo consigo. Arrastrará lo bueno y lo malo, me quedaré sin defensas. Quizás sea mejor porque también se llevará los recuerdos y todo volverá a comenzar de nuevo.
Decía un poeta hindú que donde se cierra una puerta se abren veinte. O tengo una venda en los ojos o no veo el resto de las puertas.

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