
Cuando mi padre tenía tan sólo ocho años quedó huérfano de madre. Mi abuela Paula muere dejando un marido y varios hijos varones, muy chicos para cuidarse por sí mismos. Mi abuelo Floriano, a pesar de sus depresiones constantes, tiene que sacar adelante a un hijo de su mujer recién fallecida, a mi padre de ocho años y a dos mellizos más pequeños. De pequeña no entendía por qué mi tío P. tenía diferente apellido que mi padre. Esta es la historia que me contaron a mí:
Mi abuela Paula y mi abuelo Floriano eran dos jóvenes enamorados, que son cruelmente separados al estallar la guerra. Mi abuela se casa en un pueblo de Burgos con un militar, que le da dos hijos. Un tiempo después quedaría viuda y regresa con su primer amor. El mayor de sus dos hijos también morirá. Le explotó el corazón. Mi abuelo Floriano le abre los brazos y deciden estrechar sus lazos uniéndose en matrimonio. De esa vida en común nacerán mi padre y los dos mellizos. Mi tío P. comienza a estudiar en un seminario. Poco tiempo después mi abuela moriría también por un problema de corazón. La casa queda desamparada sin una mujer al mando. Después de unos años, unos vecinos de San Sebastián que sólo iban a mi pueblo por vacaciones, al descubrir que mi abuelo seguía solo y triste deciden presentarle a una mujer que paliara su soledad. Hablan con él y le dicen que quieren que conozca a alguien, una chica que también está sola, que decidió dejar su tierra natal, Extremadura, en busca de una vida mejor, y que se dedicaba a cuidar de personas mayores en la capital donostiarra. Así es como comienza una relación entre un hombre y una mujer que se estuvieron carteando durante años hasta el día de la boda. Y sí, ese mismo día se conocieron en persona. Gurmensinda se llamaba, pero todo el mundo la conocía como Tomasa. Esa es la abuela paterna que yo conocí.
En realidad, la historia de mis abuelos paternos, que se estuvieron conociendo por carta durante mucho tiempo, no difiere mucho de las actuales relaciones de internet. Aunque el mundo está muy cambiado desde entonces. Mis abuelos encontraron la compañía que necesitaban el uno del otro y fueron felices...
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