Hoy hace dos años desde que operaron a mi tío de la garganta. De repente se había notado unos ganglios en el cuello, había caído en una depresión profunda y su silencio hablaba por él. Pero era algo que, a la larga, no ocultaría por mucho tiempo más. Tenía en mente realizar un viaje a Cuba con su mejor amigo, pero no llegaría a realizarlo.
El 18 de julio de 2004 mi tío fue sometido a una operación de 9 horas. Le limpiaron el cuello, sin cortarle las cuerdas vocales. Le dejaron un agujero en la garganta, a la altura de la nuez. La recuperación fue lenta pues lo que le habían colocado en el cuello no era algo muy agradable, sobre todo en sus primeras comidas.
Mi tío tenía una pizarra donde escribía todo. Su ánimo se levantó. Y un mes después volvió a casa. Casualmente llegaba yo del país teutón, pródiga en regalos para él. Cuando volví ya hablaba, al principio le costaba, pero se le entendía bien.
Las visitas eran frecuentes. Todos los días estaba acompañado. Quitando lo que tenía en la garganta, a mi tío se le veía bien.
Casi dos años después a mi tío le han encontrado dos bultos en un lateral. Le ha salido metástasis en un pulmón. Desde hace dos meses mi tío está siendo sometido a quimioterapia. Le veo más feliz que entonces, pero también más envejecido. El poco pelo que le queda se ha tornado en blanco. Mi tío, siempre con un cuerpo deportista, ha adelgazado sus kilos. No come comidas que le puedan raspar la garganta. Todo lo que entra por su boca es suave. Sigue siendo goloso y mi madre le cocina delicias gastronómicas que no desecha: arroz con leche, natillas, cuajadas, flanes...
Mi tío era fumador empedernido. Se fumaba más de dos paquetes de BN diarios. Todos le decían que lo dejara, pero cuando lo hizo fue por obligación.
El carácter de mi tío, antes gruñón y fácilmente alterable, se ha suavizado en todo este tiempo. Ahora sé que mi tío también es capaz de llorar.
He pasado momentos inolvidables con él cuando le he acompañado a Madrid. Tanto en la Puerta del Sol como comprando lotería en Gran Vía nos hemos reído de todo.
Mi tío ya no se recuperará del todo. Ya no volverá a ser la misma persona de antes. Adora lo que tiene e intenta disfrutar de esos pequeños momentos de la vida en que ésta le aporta cosas demasiado adorables. Ya no volverá a tener la fuerza ni la energía que tenía antes, pero ya no la necesita. Yo le cuento mis secretillos y él se siente bien pues sabe que nadie más conoce el origen de las cosas que hay en mi cabeza. Nunca tuve antes tanta confianza con mi tío como ahora. Quizás es que antes me imponía un poco, en el sentido de que era un "cascarrabias". Ahora, al hablar con él, es como si hablara con otra persona. No parece el mismo que era hace dos años, aunque es la misma persona. Algo en él, y no me refiero al aspecto físico, ha cambiado.
Ayer por la noche me llamó. Me dijo que había tenido una sesión. En mi casa están vedadas las palabras "cáncer" y "quimioterapia". Yo sabía que la sesión a la que se refiere son varias horas de quimioterapia que le reportarán unos días de vómitos y diarreas constantes. Cuando me hablaba estaba animado, se le notaba. Espero que esta vez lo soporte mejor.
Hace unos meses que Andrés, un colega de mi padre, tiene cáncer linfático. Para mí es como de la familia. La última vez que estuvo en casa y, aunque mi madre me dijo que hiciera como que no sabía nada, me quedé observándole. Le veía igual que siempre. Y de repente me miró. Su mirada no era la de siempre. Estaba cargada de tristeza. Eran unos ojos apagados, unos ojos que me dijeron todo lo que no había visto antes. Después de esa visión seguí comiendo jamón ibérico y bebiendo un rioja como si nada hubiera pasado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario