
Ya tengo un pie en Roma, sí, sí. Acaban de llamarme de Halcón Viajes para que vaya a por los billetes y a por las explicaciones necesarias, y para pagar el resto del viaje, claro.
A veces pienso que, de haber sido las cosas diferentes, yo mañana no me cogería un vuelo a otro país, a otra ciudad. Si el monstruo que llevo dentro no fuera tan terrorífico no me vería con la necesidad de llevármelo a otro lado. Lamentablemente, lo que en otras circunstancias hubiera sido un viaje de placer se convierte en un paseo a la meditación, al cambio (al menos en mi cabeza), al posible olvido y a la inminente desaparición. Sí, será un viaje de placer, aunque no alcance todas las cotas placenteras que se esperarían de mí en otros momentos.
Roma constituye el cambio que necesito ahora. Y dicen que los cambios, si se hacen deben ser para mejor.
Cambiar de aires sé que me va a venir estupendamente, cruzarme con otras personas me va a abrir los ojos, aunque sobre los míos he tendido un sutil velo. Antes brillaban, ahora no. Me leí en la guía de Roma que hay ratas entre sus piedras, y lagartijas y mucha fauna que no me quisiera encontrar.
Roma será la novena capital europea que conoceré, después de: Madrid, Londres, Lisboa, París, Berlín, Budapest, Viena y Praga. No está mal.
Los billetes me esperan, así que tendré que irme ya.
No hay comentarios:
Publicar un comentario