
En la primera clase de Redacción Periodística nos dijeron que todo es escribible, que se puede escribir de todo y sobre todo. Pero la lección más importante no fue esa sino sobre la manera de escribir. Cuanto más sencillas sean las palabras que utilicemos mejor lo entenderá el receptor. Podemos moldear las frases a nuestro gusto, pero cuanto menos recargadas estén mejor será la comunicación. Pues cuando se escribe es para que alguien lo lea y nuestra labor es "conectar" con la persona que está en el otro lado.
En toda comunicación, emisor y receptor mantienen una relación de bilateralidad donde se intercambian ideas. De nosotros depende que el otro entienda lo que queremos decirle.
Desde entonces opté por no buscar otras palabras y usar las que me venían a la mente. Soy consciente de que podría hablar con vocablos más complicados, pero de nada me sirven si nadie entiende lo que quiero decir. Lo importante es que la otra persona comprenda la idea que intentas comunicarle.
Es entonces cuando observas la manera en que se expresan otras personas. Y te das cuenta de que mucha gente utiliza vocablos complejos como un medio para aparentar algo que no es, o como un medio para llamar la atención, independientemente de la gente culta.
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