martes, julio 11, 2006

La losa que pesaba ha desaparecido...


Voy a contar un cuento que oí hace mucho tiempo:
"El jarrón y la rosa amarilla"
Cierto día en un monasterio budista, se encontraron con la muerte de uno de sus guardianes y fue preciso encontrar un substituto. El Gran Maestro convocó a todos los discípulos para determinar quién sería el nuevo centinela. El Maestro, con mucha tranquilidad y calma, dijo: "Asumirá el puesto el primer monje que resuelva el problema que voy a presentar".
Entonces colocó una magnífica mesita en el centro de la enorme sala en que estaban reunidos y encima de ésta colocó un jarrón de porcelana muy raro con una rosa amarilla de extraordinaria belleza en él y dijo así: "¡Aquí está el problema!"
Todos quedaron asombrados mirando aquella escena: un jarrón de extremo valor y belleza, con una maravillosa flor en el centro.
¿Qué representaría? ¿qué hacer? ¿cuál es el enigma?
En ese instante, uno de los discípulos sacó una espada, miró al Gran Maestro y a todos sus compañeros, se dirigió al centro de la sala y ...¡¡ZAS!!... destruyó todo de un solo golpe. Tan pronto el discípulo retornó a su lugar, el Gran Maestro dijo: "Usted será el nuevo guardián del castillo".
Esta historia tiene una gran moraleja. No importa cuál sea el problema, ni que sea algo muy bello. Si hay un problema es necesario que sea eliminado, que termine, es preciso ponerle fin. Un problema es un problema, no importa que se trate de una mujer sensacional o de un hombre maravilloso o de un gran amor que se acabó. Por más bello que sea o haya sido, si no existiera más sentido para él en nuestra vida, tiene que ser suprimido porque corremos el riesgo de permanecer con él el resto de nuestra vida.
Muchas personas cargan en la vida entera el peso de cosas que fueron importantes en el pasado y que hoy solamente ocupan un espacio inútil en sus corazones y en sus mentes, espacio que es indispensable para recrear la vida, sobre todo si el problema es algún sentimiento de rencor o de reproche, que aunque en algún momento de nuestra vida nos haya hecho mucho daño, sólo forma parte de un pasado.
Existe un proverbio chino que dice: "Para poder beber vino es necesario primero tirar el té". Limpia tu vida, comienza por los muebles hasta llegar a eso que ya no tiene más sentido y que está ocupando espacio y que muchas veces, lejos de ayudarte, te hiere y te impide tomar un curso diferente en tu vida. El pasado sirve como lección, como experiencia, como referencia. El pasado sirve para ser recordado y no para ser revivido. Usa las experiencias del pasado en el presente para construir tu futuro.
Hace unos días sentía un peso interior, era como si estuviera cargando en las espaldas una pesada losa, me sentía una especie de pequeño Sísifo que en vez de empujar la piedra a la montaña la piedra me empujaba a mí.
Una noche toqué fondo. Me di cuenta de que no podía seguir así. Todo en la vida es perecedero. Y lo primero que perece son nuestros "problemas" si conseguimos ponerles fin. Así que tomé una decisión. La decisión fue quitar de en medio todo aquello que me apesadumbraba. Y me quité esa losa de las espaldas. En el momento en que ya no sentía ese peso enorme en torno a mí, en el momento en que me sentí tan ligera como una pluma... me di cuenta de que podía empezar de cero. Vaciando mi cabeza me sentí un poco mejor.
Y a medida que van pasando los días te das cuenta de que lo más importante de tu vida eres tú misma. Y mi amor propio en estos momentos es el que pesa más en la balanza.

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