domingo, junio 25, 2006

Y el martes...


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Tengo ganas de que llegue el martes. Me marcharé ese día. Y no me marcharé sólo a casa sino que me marcharé también de aquí.
Entre mañana lunes y el martes me decanto por el segundo día, ya que tengo que hacer unas cosillas antes de irme. Debo ir al banco pero también a coger el billete. Sin billete malamente podría marcharme mañana, teniendo en cuenta que el primer tren es a las 8 de la mañana, y ya me bajaron de ese tren por subirme sin billete. Aunque si subiera y hubiera asiento libre me lo venderían con el tren en marcha. Pero al banco debo ir, es indispensable. ¡A ver si por no pagar me voy a quedar sin internet!
He decidido que no me llevaré el pc, se quedará aquí. Necesito desconectarme un tiempo de todo esto. Necesito un tiempo para mí. "Olvidarme" de todo, aunque parezca algo imposible. De hecho, cuando quieres olvidar algo es cuando más lo recuerdas. Me dedicaré a hacer cosas que hacía antes, de todo menos estar delante del pc. Tampoco necesito llevarme el pc cuando me puedo conectar en cualquier momento en el pc de alguno de mis hermanos... si me entraran muchas ganas. Pero de momento no es esa la idea.
No sé cuánto tiempo estaré fuera. En principio una semana o diez días. Necesito que me mimen. Y mi casa es el mejor sitio. Además, disfrutaré de los rayos de sol, dejaré que me dore, que lo necesito. El miércoles estaré quemada y el jueves empezará a pelarse mi espalda si no me la cuido.
Haré las cosas que quiero hacer. Desde que tengo el carné de conducir dejé de lado la bicicleta. Y es algo que me encantaba. De mi torrot roja pequeña y desde que me quitaron las 4 ruedas pasé a una G.A.C. (creo que se llamaba así) azul oscuro. Y de esta a una Mountain Bike de varios colores (desde el verde al azul), cuando el "boom" de estas bicicletas de montaña. Un tiempo después la abandoné por una Derbi Variant negra que conducía sin carné, cuyo tubo de escape me dejó una preciosa ampolla en una pierna. Tampoco tenía seguro. Sólo íbamos al pueblo de al lado a tocar a los timbres y después marcharnos de vuelta a casa. Después, con 16 años, me saqué la licencia, que intercambié, ya con 18, en la Jefatura de Tráfico para que me dieran el carné de conducir. Desde entonces poco o nada he cogido la bici. En cambio mi hermano pequeño le dio un uso especial, a pesar de que tenía su propia Mountain Bike de color dorado. Le puso una especie de cuernos en el manillar, le puso un bote de agua y le cambió el sillín por otro más duro. La volveré a coger de nuevo. Necesito que me dé el aire en la cara, sentir la velocidad del viento...
Quizás también desempolve el caballete y las acuarelas. Hace mucho que no pinto. Necesito darle un poco de color a mi vida. Un día me olvidé de pintar con acuarelas, aunque siempre seguí dibujando. Estoy segura de que tendré que comprarme hojas de pintura nuevas, nuevos botes de color y nuevos pinceles. Pero también el resultado merecerá la pena. Necesito hacerlo. El maletín de pintura, caballete y demás me lo regaló mi tío P. en el momento en que vio mis pequeñas aficiones por el dibujo y la pintura. Tendría mis 8 añitos cuando me encontré con ese paquete especial una noche de Reyes. Al principio no sabía usar las acuarelas. Gastaba mucha pintura y poca agua. Enseguida aprendí.
Seguro que tengo muchas más cosas que hacer, que hace años dejé de hacerlas. Esas dos son prioritarias.
De momento, los momentos que paso aquí serán sustituidos por otros. Necesito mi tiempo, un tiempo que estará dedicado a hacer otras cosas que hace tiempo quedaron en desuso.

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