jueves, junio 29, 2006

En días como el de hoy


Lo que daría por ver el inmenso sol veraniego sobre el tejado de mi casa. Espero que cambie ya el tiempo porque necesito los rayos del sol. Estoy cansada de ver siempre nubes en el cielo, de ver todo encapotado, con ganas de llover.
En días como el de hoy me gustaría estar lejos, muy lejos. Me gustaría estar por ejemplo en Sidney, o en Tokyo, o quizás en Ulan Bator, incluso en California. No es una huida. Simplemente tengo ganas de viajar. Me iría incluso al Polo Norte. Cualquier salida estaría bien para permanecer fuera de la órbita rutinaria que me inculca una monotonía titánica desde el primer momento en que me levanto hasta que decido sumergirme entre las sombras de la noche. Sigo sin poder dormir. Ya ni siquiera me funcionan los juegos mentales con los que antes acostumbraba a cerrar los ojos mientras pensaba en cualquier cosa demasiado lejana para intentar cogerla con las manos.
Acostumbrada al silencio de la tranquilidad de Salamanca, estar en mi casa no es más que una alteración constante: gente en todos los rincones, el teléfono a todas horas, el fax, los coches que pasan al lado de mi ventana... No quiero ser partícipe de este mundanal ruido, como dijera algún clásico en el pasado.
Me encantaría dormir mil años sin tener que darle vueltas a nada. Es imposible, claro.
Necesito tranquilidad y no la encuentro en ningún sitio.
Las lágrimas dejaron paso a la tristeza del alma, a los silencios cortantes, al desgarro interior. Mi alma se quebró en millones de partes y en estos momentos intento reunirlos todos y juntarlos poco a poco. Parece una tarea imposible, pero es mi alma y la necesito entera, ya que será imposible crearla como estaba al principio, aunque queden grietas que no pueden eliminarse, necesito mi alma rota.

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