sábado, junio 17, 2006

Neuritoma de Morton

Una fría mañana de noviembre, exactamente a las 7 de la mañana, un insoportable dolor que comenzaba en mi pie izquierdo y subía por toda la pierna me despertó. Intenté pisar sobre el frío suelo a ver si se pasaba, me lo froté y acaricié. Pero el dolor seguía.
Estuve 3 ó 4 días despertándome gracias al inmenso dolor del pie que, curiosamente, me dolía más en la cama, en posición tumbada que caminando. Cuando hacía largas caminatas el pie se resentía y se quedaba como dormido.
Decidí ir al Policlínico a Urgencias. Sabía que me trataría un futuro médico en prácticas, como así fue. Después de esperar varias horas en una sala de espera, me vio el médico de cabecera, un joven que se preocupó más de mirarme el escote que del pie. Cuando me descubrí el pie, sólo ese pie, me dijo que tenía que hacerme una radiografía. Así que estuve otra hora esperando.
Cuando al final me llamaron a la consulta me dijo que mi pie izquierdo no presentaba ninguna anomalía, pero que preguntaría al traumatólogo. Cuando éste llegó resultó ser otro joven haciéndose el simpático que se preocupó más de caerme bien que de mi pie. Aunque yo no estaba para tonterías, quería saber lo que tenía en el pie. Me recomendó que andara con zapato plano, que no caminara mucho, que me tomara un Gelocatil cada 8 horas y que me pusiera unas plantillas especiales que me tendría que comprar en una ortopedia. Aparte me dijo que tenía un hueso del pie más pequeño de lo normal, a pesar de no haber comparado con la pareja, él estaba seguro de que tenía una tara.
Me fui, aunque no hicieron nada porque el dolor cesara. El Gelocatil me atenuaba el dolor, pero no se terminaba de pasar.
Llegaron las vacaciones navideñas y en mi tierra decidí ir a consultar a un médico privada, al uno de los mejores, por no decir el mejor pues su fama le precede, traumatólogos de por allí. Él ya sabía mi problema de antemano, después de varias conversaciones con mi madre, que le explicó con anterioridad lo que me pasaba. Iba acojonada pues todo lo que tiene este hombre de célebre y eficiente en lo suyo lo tiene de arisco como persona. Aunque cuando se va con una idea así suele resultar lo contrario, como así fue. Me hizo varias preguntas. Me mandó descalzarme de los DOS pies (no como en Salamanca), me tocó el pie en el punto exacto donde me dolía, explicándome lo que tenía: Neuritoma de Morton. Para asegurarse de que no era cuestión de huesos o músculos, pues lo tenía claro, me hizo radiografías de sendos miembros inferiores.
El nombre me costó horrores aprenderlo. Y yo debí poner una cara en plan: "Me estás hablando en chino". Enseguida me lo explicó: Un nervio se había cruzado entre los dos huesecillos centrales de mi pie, y ese nervio es el que me producía tanto dolor. Después de asegurarse de que había entendido lo que tenía me preguntó: "¿Quieres el método lento o el rápido?" No lo pensé mucho, necesitaba quitarme ese estorbo de encima y, casi sin pensarlo, dije: "El rápido, claro".
La enfermera ya estaba preparando la dosis de cortisona, parecía que me había leído el pensamiento. Veía la enorme jeringa cerca de mi cara, mientras me entraban unas ganas inmensas de levantarme de la camilla. Mientras, el doctor me marcaba con rotulador el punto exacto, en medio del pie y entre los dos huesos, donde me tenía que pinchar.
No quise mirar cuando se acercaba la aguja. No tengo miedo a las agujas y pensaba que sólo sería un pinchazo, como siempre. Pero no, a medida que el líquido ardiente me entraba por el pie y lo sentía subir por la pierna deseaba estar en el infierno. El médico me hablaba, pero al sentir lo que me entraba por el pie yo no podía atinar palabras. Creo que llegué a decir: "Ay, ay", pero no conseguía formar más palabras.
Cuando me marchaba de la consulta empecé a sentir que el pie se me dormía. Me costaba andar porque no sabía por dónde pisaba.
El tratamiento constaba de 3 inyecciones. La semana siguiente volví a pasar por el infierno y la de después también. Me dijeron que lo normal eran 3 pero que si seguía doliéndome tendrían que ponerme otra.
El pie dejó de darme dolor durante un tiempo, aunque seguía durmiéndose cuando caminaba de vez en cuando. Pensaba que se pasaría.
Lo extraño es que después de 5 meses, ayer se me hinchó el pie. Lo notaba raro y me descalcé para mirarlo. Entonces me lo toqué, estaba muy caliente (qué contraste con noviembre que estaba heladísimo en comparación con la temperatura normal del otro pie). No me cuesta andar, aunque parece que lo hago sobre un colchón de goma, como si tuviera un michelín debajo. Estoy segura de que tendré que pasar de nuevo por el infierno. Y espero que sea la definitiva.

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