lunes, junio 12, 2006

"Good Bye, Lenin!"


Un repaso por las décadas desde finales de los años 60 hasta principios de los 90 en la Alemania del Este tilda a esta película en la categoría de documental. No, no es un documental, sino que es el trato con los hechos históricos que ocurrieron en Berlín en la vida de muchas personas que envidiaban la vida al otro lado del muro y fueron víctimas de la represión comunista. La euforia de la caída del Muro y la consiguiente victoria de Alemania en el Mundial de fútbol donde participó como país recién reunificado nos muestran una serie de años donde los acontecimientos se precipitaron. La Alemania del Este se occidentalizó.
"Good Bye, Lenin!" hace una radiografía de una familia alemana que vive en la parte comunista de Berlín. Dos hermanos están viendo por televisión el primer cosmonauta alemán en una nave. En esos mismos momentos dos inspectores preguntan a su madre dónde está su marido. El padre de los jóvenes había pasado a la parte occidental. La madre entra en una depresión y, cuando vuelve del hospital, se convierte en la camarada más respectada del partido comunista.
Una noche va a una fiesta cuando su taxi es obligado a parar por los disturbios de gente que reivindica la libertad. El taxista le aconseja que coja el metro. Se queda observando a los manifestantes y cómo la Polizei está pegando palizas a los jóvenes, entre ellos está su hijo, que es detenido. A ella le da un infarto y el hijo no puede hacer nada porque la policía no le hace caso.
Cuando sale de la cárcel unos días después y va al hospital se encuentra a su madre en estado de coma. Allí conoce a una enfermera que había visto en la manifestación y con ella comenzará una relación, mientras espera que su madre recupere el conocimiento.
En los ocho meses que la madre pasa dormida cae el muro de Berlín y cambia la moneda, llegan las marcas occidentales y el capitalismo. Entonces... se despierta. El médico les aconseja que no deben darle ningún susto para que no corra más riesgos de infarto y él se la lleva a casa, donde la cuida. Cada día su madre está mejor. El hijo la engaña haciéndole creer que Alemania no ha cambiado nada en ese tiempo que ella estaba sumida en la oscuridad, le esconde las noticias actuales y graba noticieros con su compañero de trabajo para hacerla creer que todo sigue como antes. El amor de un hijo por una madre, para que ella no tuviera más infartos.
Un día ella les confiesa que su padre pasó a Occidente pero que ella tuvo miedo de ir detrás de él porque temía que la separaran de ellos. Entonces el hijo va a buscar al padre, cuando le dice que es Alexander el padre se queda atónito y le dice que irá al hospital a despedirse de su ex esposa.
Al final muere en el país que ella había creído, pues sus ideales no habían muerto sino que había tapado con ellos sus miedos, pero también sabiendo la verdad, porque en el reportaje final graban los hechos más importantes que ocurrieron en Alemania entre 1989 y 1990.
¿Qué puedo decir? Cuando veo Brandenburger Tör, la Fernsehturm en la idílica Alexander Platz, el Reichstag y otros lugares de Berlín me llegan a la mente recuerdos de cuando estuve allí, todos revividos por el reportaje peliculero de esta noche.
Die Mauer o el Muro, de donde actualmente no se conserva más que la puerta, donde ya no te encuentras policías que te piden la identificación para pasar al otro lado. Cuando pasé por debajo me acordé de aquella época en la que no se podía pasar tan campante como yo lo hacía en ese momento y me sentí dichosa.
Al lado de la puerta de Brandeburgo hay una oficina de turismo. Curiosamente ahí venden todo tipo de objetos sobre el Muro. Lo que más me sorprendió es que los trozos de piedra que lo formaron se venden como recordatorios.
Y pasé al otro lado. Entonces me di cuenta del terror que tuvieron que pasar muchos alemanes del Este al intentar cruzar el muro. Allí había un cementerio: velas que alumbran eternamente, ramos de flores que se cambian a diario, fotos y poemas por los fallecidos al intentar burlar a la policía. Un jardín inmenso cargado de almas que nunca consiguieron la libertad, que vieron sus sueños truncados por un muro.
Otro día hablaré de Berlín.

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