
Aunque siempre he estado rodeada de gente, aunque haya sido el alma de las fiestas en numerosas ocasiones, aunque haya tenido varios novios y numerosas relaciones esporádicas y aunque tenga muchos amigos y todavía más conocidos... siempre he estado sola.
Adoro mi libertad y mi independencia y a veces me siento necesitada de una compañía que cualquiera no puede darme.
Hace un tiempo pensaba que no podía permitirme el lujo de querer a nadie porque siempre terminan haciéndote daño. Supongo que si sufrimos es porque tenemos dentro nuestro corazoncito, demasiado frágil para dárselo a cualquiera.
Un día te das cuenta de que ya estás en el límite, de que no puedes ni debes sufrir más por nada ni por nadie pues nadie se merece tanto y decides desaparecer. Desapareciendo no acaba todo pero al menos te das cuenta de que ayuda a "olvidar" de alguna manera.
Siempre que he estado acompañada me han hecho daño. Un día opté por no dejar que nadie se acercara a mí pues así nadie llegaría tan adentro como para causar un dolor innecesario, tan innecesario como finito pues con el tiempo se terminan dejando de lado todos esos sentimientos.
Es como si llevara mucho tiempo en una silla de ruedas y hoy hubiera empezado a caminar por mí misma, sin ayuda de nadie. Aunque hace mucho que aprendí esos primeros pasos. Quizás me pierda mucho mientras miro hacia el suelo. ¿Para qué levantar la vista si temo a que el sol me ciegue?
La soledad es una emoción extraña. Yo he aprendido a vivir con ella. He escogido la senda tortuosa y solitaria porque no quiero dar nada de mí. Siempre que he dado algo me lo han quitado. Nunca recibí satisfacciones de aquellas personas que me robaron aquello que les di.
Hoy he vuelto a caminar y temo caerme, aunque ahora soy más sabia y sé dónde están los obstáculos.
Soy humana porque tengo esa capacidad innata de sufrir en las ocasiones más variadas. También soy capaz de amar. Pero ese sentimiento lo he guardado en una cajita donde nadie más que yo pueda descubrirlo.
Camino sin rumbo por una vereda solitaria. La negra noche echa su manto oscuro sobre mis hombros. Su tacto es suave aunque mis sentidos han perdido sus capacidades para percibir.
En mi vida he visto montañas cargadas de nieve, he conocido gente que de un grano de arena hacía una montaña, que era incapaz de coger al toro por los cuernos, que era incapaz de dar una solución a los problemas que se le presentaban. También he visto ríos llenos de peces de colores y me acuerdo de aquella frase que decía mi hermano y que mi amiga Marlène siempre repetía: "Quien quiera peces que se moje el culo", he visto pescadores y pescados, he visto vencedores y vencidos, he visto iracundos y pacíficos. También había ángeles y demonios en el camino por el que caminaba, pero haciendo alarde de su naturaleza etérea se terminaron esfumando. He toreado en plazas de todo el mundo, he visitado ciudades inmensas, he leído miles de autores diferentes...
Todo lo que he visto me ha enseñado algo, todos me han dado lecciones, todos me han hecho ver mis errores. Y la lección más grande que he aprendido en mi largo caminar es que todos y cada uno de nosotros estamos solos, pues nuestro mundo interior es un tesoro muy difícil de compartir con nadie, es un viaje que cada persona ve con ojos diferentes, es una vida que nos hace ser personas, esa consciencia que nos guía por lo bueno y por lo malo. Al final del camino es esa alma la que se ha ido moldeando pues nunca ha dejado de ser un trozo de arcilla al que cada uno de nosotros, desde el interior, vamos dando una forma. Mi trozo de arcilla se ha convertido en grandes cosas pero siempre he terminado destruyéndolo para volver a moldear otra cosa diferente. Mientras que tenga capacidad para hacerlo y no deje que se seque entonces sabré que podré seguir dando cosas, sabré que tengo un corazón que sigue latiendo y sabré que todavía no me he convertido en una piedra.
Y esa capacidad para poder moldear nuestra mente a nuestra manera nace del interior, de un lugar que no se puede compartir con nadie.
Siempre nos quedarán los sueños, esos sueños prohibidos que nunca contamos a nadie, esos sueños vedados a la gran mayoría de la gente que son demasiado preciosos para compartir. Si te quitan los sueños te quitarán todo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario