
Traspaso las arenas movedizas de mi alma, me sumerjo en inmensos océanos invisibles, me ciega un sol al que me gustaría rodear con mis brazos. Ya no me importa abrasarme.
He cruzado puertas infranqueables, he caminado por sendas escondidas, he desperdiciado minutos preciosos, he encontrado tesoros inalcanzables... y ahora no tengo nada.
En el horizonte se perfila una puerta iluminada, una puerta que nunca se cierra. Su luz me guía como si se tratara del bastón de un ciego. Esta puerta es la puerta de la esperanza. Ojalá nunca se cierre. Entonces me encontraré perdida.
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