
Se toman o se dejan. En el día a día podemos oír hablar de oportunidades a mucha gente, aunque su significado no es tan claro. Dependiendo del contexto y de la situación significa una u otra cosa.
Todo el mundo, desde el mismo momento de su nacimiento hasta el momento final de su último suspiro, está rodeado de oportunidades de todo tipo: en la familia, en la escuela, en la universidad, en el trabajo; en el triunfo personal, en el terreno sentimental, a la hora de valorar una amistad...
Tengo muy claro que oportunidad sólo existe una. No creo en las segundas oportunidades. He dado, por supuesto, una segunda oportunidad a gente que me había fallado y me volvió a fallar. Por tanto, cuando surge una oportunidad la tomas o la dejas, y termina desapareciendo.
A mí también me han dado oportunidades que a veces no me merecía: por prejuzgar una amistad o por un amor. Pero no duró mucho más. La segunda vez fue diferente y como tal ya no funcionó.
Las oportunidades están para cogerlas, si no lo haces se esfuman tan rápido como llegaron. Conllevan una gran capacidad de decisión, porque nos hacen optar y recapacitar sobre lo mejor en ese momento. Ya que si cambiamos algo por lo general es para mejor.
He quedado con R. Hace unas semanas me falló. Se puede considerar un error leve, por tanto le daré una segunda oportunidad para que sigamos siendo amigos.
(Aquí iba un párrafo, ahora borrado, en un mar de dudas, y cuando se duda es mejor no decir nada.)
Hace un mes exacto, 25 de mayo, M. me falló de una manera casi brutal. Aunque no se puede esperar mucho de una persona como ella, con tan pocas neuronas. Ella no tendrá una segunda oportunidad. Hay gente que no se lo merece.
Me viene a la mente una cita que oí hace mucho, dedicada va a todas aquellas personas que me han fallado al menos una vez en la vida: "La primera vez que me falles será culpa tuya, la segunda será mía".
Un día te dije que si desaparecía era por algo. Intenta recordar ese algo. No es por ti, es por mí. Espero que me entiendas. Lo siento. Pensaré en ti a diario y quizás algún día te escriba unas palabras. De todas formas no será mucho tiempo. Volveré pronto.
La primavera había llegado. En medio del césped del jardín había una única rosa negra. Imágenes de todo tipo se me pasaron por la cabeza. Al final la dejé estar. Pasaron los meses. En verano la rosa seguía allí, más florida si cabe. Con la caída de las primeras hojas otoñales los pétalos de la rosa comenzaron a marchitarse. Volví al jardín y de la rosa no quedaba nada más que un ligero rastro de lo que fue. Si hubiera optado por cogerla ahora estaría entre las páginas de uno de los libros de mi biblioteca, uno de esos libros que siempre tienes a mano por el significado y cariño que tienes por ellos.
Nunca volví a ver una rosa negra.
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