
Querido yo,
nunca te he escrito una carta porque no lo he visto necesario... hasta hoy. Llevo unos días pensando que me estás puteando de mala manera. Te paseas por dentro de mí a tu aire sin importarte la pena que crees a tu alrededor, que es suficiente como para optar por no contarte más secretillos.
He pensado que desde que te has desvinculado de la otra parte la has dejado demasiado huérfana y está perdiéndose entre los recovecos más inverosímiles de mi alma. Quiero que la busques, le des la mano y la traigas de vuelta. No podré soportar más tiempo así.
No seas egoísta porque no habéis sido creados como fuerzas independientes, sino que debéis caminar unidas.
La lucha que producís dentro de mí a diario se está convirtiendo en algo insoportable. Espero que no salpique fuera, puesto que no quiero que nadie llegara a notar lo que bulle en mi interior.
Querido yo, ve a buscar a la alegría, que necesito de ella. No quiero que se pierda para siempre.
Te lo mando, es más, te obligo a que vayas, y mi palabra para ti es una orden que debes cumplir.
Agradecida siempre
....... la parte oscura de mi mente
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