
El cielo se nubla ante mis ojos. No lo quiero ver y, sin embargo lo miro.
Miro hacia atrás, a momentos que quizás fueron mejores. Miro a mi otro "yo", desde hace días escondido; ha perdido la fuerza para salir y, sin él, no puedo sonreír.
A veces miro atrás y me pregunto por esas experiencias pasadas, que han terminado forjando un carácter que lucha por ser frío. Y no puedo.
Siento el fuego interior, la rabia por algo mejor que nunca llega y el llanto vuelve a mí.
Sólo me queda refugiarme entre los brazos de aquéllos que me quieren, que siempre me han querido y que siempre me querrán. Y ahora necesito tanto esos abrazos...
Quizás es que sólo me acompaña la mala suerte.
Y miro de nuevo a lo lejos y, a pesar de esta noche veraniega, lo sigo viendo todo nublado. Quizá son mis ojos, empañados en lágrimas que no me dejan ver con claridad.
Llegarán tiempos mejores. Siempre llegan.
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