jueves, junio 15, 2006

Castillos españoles I

Merecen un apartado aparte. La península ibérica era un enclave perfecto para la mezcla de culturas y, por tanto, de diferentes estilos arquitectónicos. Hace bastante hablé de unos cuantos castillos que salían en la obra de Azorín. Allí hablé de varios castillos de España:
-Castillo de la Mota, Medina del Campo (Valladolid).
-Castillo de la Estrella, Montiel (Ciudad Real).
-Castillo de Monzón (Huesca).
-Castillo de Escalona (Toledo).
-Castillo de Olite (Navarra).
-Castillo de Pedraza (Segovia).
-Castillo de Arévalo (Ávila).
-Castillo de Javier (Navarra).
-Ciudadela de Pamplona.
-Castillo de Bellver, Palma de Mallorca.
-Castillo de Fuenterrabía (Guipúzcoa).
Hoy me limitaré al resto de castillos que Azorín no nombraba, y que no por eso son menos importantes.

Alcázar (Segovia)

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En 1327, tras la Reconquista, el rey Alfonso XI ordenó construir una fortaleza que debía servir también de residencia real. El castillo se convirtió en alcázar (castillo) de los reyes católicos, un magnífico palacio sobre el asentamiento de un antiguo castillo musulmán. Todos los reyes que vivieron en este castillo dejaron allí su huella: Felipe II cubrió el tejado de pizarra, Catalina de Lancaster mandó construir la sala de la Galera, Juan II mandó construir la torre que lleva su nombre. Enrique IV edificó las salas de Solio (o de la Chimenea), del Cordón, de las Piñas. Durante la guerra de Comuneros contra Carlos V en el siglo XVI, el alcázar sufrió daños importantes. Carlos III instaló allí el Colegio de Artillería que desapareció en 1862 como consecuencia de un incendio. La restauración del palacio se terminó en 1890 cuando los Archivos Generales Militares se instalaron allí. Actualmente, el alcázar es un museo que atrae a gran número de turistas.

Ávila

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Fundada en el siglo XI para proteger los territorios españoles de los moros, Ávila es la ciudad medieval con las murallas mejor conservadas del mundo. Como monumento histórico y artístico es impresionante. Tienen forma rectangular y su perímetro es de unos dos kilómetros y medio, la altura de doce metros y la anchura de tres. Las murallas están reforzadas por torres gruesas y macizas, de unos 25 metros y su número es 82. Las murallas poseen 9 puertas que se abren entre las torres más importantes.

Loarre (Huesca)
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El castillo de Loarre es la fortaleza almirante donde se organizó el dispositivo cristiano en el siglo XI. Se sitúa en la cumbre de una colina rocosa que domina todo el valle. Entre 1072 y 1082, el rey de Aragón Sancho Ramirez añadió al pequeño castillo un monasterio-fortaleza en la parte oriental, que era la más escarpada. En el siglo XIII, empieza a desarrollarse un pueblo al pie del recinto y, para protegerlo, se construyó la última muralla con torres redondas. La fortaleza cayó poco a poco en el olvido, y atravesó los siglos sin alteraciones importantes. Las restauraciones del siglo XX le devolvieron su lustre antiguo.

Manzanares el Real (Madrid)
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El castillo-palacio de Manzanares el Real fue construido en el siglo XV a petición de don Diego Hurtado de Mendoza. Pero sería su hijo Íñigo quien lo convertiría en palacio. Contiene una ermita romano-mudéjar, siendo el mudéjar el estilo de los artistas árabes que se quedaron en el territorio cristianizado.

Peñafiel (Valladolid)
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El conde Sancho García capturó esta fortaleza a los árabes a principios del siglo XI y la proclamó "su peñasco más fiel". El dominio de Peñafiel, creación de Fernando III el Santo, pasa luego a Alfonso X "el Sabio" y de éste a su sobrino, don Juan Manuel, el infante-poeta, autor de El Conde Lucanor. Don Juan Manuel reconstruyó la antigua fortaleza del siglo XI, que se prolongaba, a través de murallas, hasta rodear el pueblo. En el siglo XV, don Pedro Girón, dueño de la Orden de Calatrava emprendió la construcción que llega hasta nuestros días. Su situación sobre la cima de una colina y su forma de embarcación le dota de una belleza singular, fruto de la simbiosis de la arquitectura y del paisaje.

Marcilla (Navarra)
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La historia de Marcilla está marcada por matices musulmanes y cristianos. En el año 1017 formaba parte del reino taifa de Zaragoza y en 1119 pasó a formar parte del territorio navarro. En el año 1110 tuvo lugar en esta zona la batalla de Valtierra, en la que los cristianos conquistaron la parte izquierda del río. Las guerras de Sucesión y de la Independencia dejaron como testimonio serios desperfectos en la fortaleza. La fortaleza señorial que hoy puede admirarse fue construida durante los últimos años del reinado de Carlos III "el Noble". En el año 1424 Carlos III dio a Mosén Pierres de Peralta materiales para las obras y poco después mil libras con el mismo fin. Hacia el año 1429 Juan II y doña Blanca dieron a Mosén Pierres el señorío de la villa. Desde que en el año 1513 Fernando "el Católico" instituyera el marquesado de Falces a favor de don Alonso de Peralta, este castillo fue núcleo y cabeza de dicho marquesado, uno de los señoríos más importantes y dilatados del Reino, entrando a formar parte de los llamados castillos-residencia, y dejando a un lado su carácter militar hasta las guerras de Sucesión y la de Independencia. En 1788, el licenciado Ricarte envió un informe descriptivo a la Academia de la Historia. La armería del castillo contenía numerosas adargas, petos, morriones, picas y todo género de armas y arneses. En la cámara del marqués se guardaba antiguamente la famosa "Tizona" del Cid y en la capilla se veneraba una Santa Espina y se conservaba "un dinero de los que fue vendido Nuestro Señor". En 1820, un ayuntamiento liberal hizo demoler "unas garitas que estaban en la plaza principal..." y un fortín que sirvió de cuerpo de guardia y es de figura de un cubo.
Los calabozos del castillo de Marcilla están llenos de historia. Se dice que Mosén Pierres de Peralta, por reconocerse culpable del asesinato del obispo de Pamplona, se hizo encerrar en las celdas del castillo. Sin embargo, no fue Mosén el único en habitar las partes más oscuras y tétricas del edificio, la princesa doña Blanca también estuvo presa allí.
Según una leyenda, la marquesa Ana de Velasco se enfrentó valerosamente en 1516 a las gentes de armas del coronel Villalba impidiendo que se llevase a cabo la demolición de la fortaleza decretada por el cardenal Cisneros. Los castellanos, tras conquistar Navarra, ordenaron la demolición de la mayoría de los castillos (orden general del cardenal Cisneros).
En el de Marcilla mandaba la marquesa de Falces. Al ser informados de la llegada de don Hernando del Villar, doña Ana ordenó aprovisionarse de víveres y disponerse para la defensa. Cuando llegó al castillo le tributó un gran recibimiento, preparó un banquete y los castellanos se embriagaron. En atención al trato recibido, don Hernando del Villar permitió a la dama salir de la fortaleza con sus pertenencias y servidumbre. La heroína le respondió en tono altivo que era ella la que concedía la vida. Desarmados, los castellanos tuvieron que abandonar el castillo, humillados por la astucia de doña Ana de Velasco.

Sigüenza (Guadalajara)
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El castillo de Sigüenza fue construido a principios del siglo XII sobre un emplazamiento musulmán. Sufrió reformas en los siglos XIV, XV, XVI y XVIII, y fue parcialmente destruido en el año 1811 durante las guerras carlistas y durante la guerra civil (1936-1939).
Sigüenza fue asiento de una importante ciudad celtíbera, Segontia, que estuvo situada en los altos cerros de la margen derecha del río Henares. En tiempos romanos, hubo aquí importante estación de paso y era lugar nutrido de habitantes, quienes elevaron su primer torreón o puesto de vigilancia sobre el valle en lo que es hoy castillo-fortaleza. Los visigodos habitaron la ciudad, y los árabes, aunque en menor número, también lo hicieron, casi reducidos a la guarnición de su reducto fuerte y atalayado en lo más elevado de la orilla.
La reconquista de Sigüenza tuvo lugar el año 1123, siendo su primer obispo el aquitano don Bernardo de Agen, que al mando de un poderoso ejército conquistó la ciudad a los árabes que la ocupaban. La restauración de la sede episcopal en Sigüenza por parte de la monarquía castellana, alentó el crecimiento de esta aldea, que tomó nuevas fuerzas cuando poco después, en 1138, Alfonso VII concedió a los obispos el señorío civil sobre la ciudad y sus gentes.
Desde entonces la historia de Sigüenza y de su castillo ha corrido pareja con la de sus obispos. Multitud de ellos, de todos los caracteres y las aptitudes, pasaron por la silla episcopal. Unos fueron valientes y organizadores, mezcla de monje y de guerrero, como el fundador don Bernardo, otros tuvieron el carisma de la santidad, como Martín de Finojosa, algunos fueron políticos eminentes, emprendedores y estrategas, como Pedro González de Mendoza, otros aún tuvieron el sentido social suficiente como para emprender obras públicas por todo el obispado, como don Juan Díaz de la Guerra... Levantaron, desde inicios del siglo XII, este castillo que paulatinamente fue haciéndose más grande y poderoso. En sus salones pusieron capillas, salas de justicia, tribunales y cárceles. Una guarnición potente de militares y servidores estuvio siempre al cuidado del castillo, en el que durante largas temporadas habitaban los obispos.
Un hecho histórico añadido al lento discurrir de los diversos episcopados fue el ocurrido en 1355 cuando en esta fortaleza fue alojada, en calidad de prisionera, doña Blanca de Borbón, rechazada por su marido, Pedro I de Castilla, y cuenta la leyenda que una de las torres del mediodía, hoy todavía nominada con el recuerdo de la joven dama francesa, albergó su cruel destino durante una temporada.
A partir de la Guerra de la Independencia se inició la progresiva ruina de esta fortaleza. Todavía en 1827, residiendo en él don Manuel Fraile García, obispo a la sazón, se alojaron tres días Fernando VII y su Corte. Después sufrió destrozos con motivo de las guerras carlistas, y a mediados del siglo se produjo un gran incendio que acabó de arruinarlo. En el siglo XIX se destinó como cuartel de las tropas francesas.
Situado sobre la altura del cerro que escolta al río Henares, el castillo de Sigüenza remata con su gallarda y solemne silueta toda la ciudad, en la que, vista de lejos, se confunden las torres de la catedral, los chapiteles de los templos románicos y los frontispicios de palacios y conventos, con la algarabía tierna de la arquitectura popular genuina de estas sierras ibéricas. El conjunto de la ciudad seguntina es, desde cualquier lugar que se la mire, inolvidable y sorprendente.
Su estructura nos muestra su origen árabe, pues se compone de un recinto con varias torres de igual altura sin que sobresalga ninguna como torre del homenaje. Sin embargo, de esta etapa no queda nada y se empieza a reconstruir con la Reconquista cristiana en 1123. El recinto tiene planta rectangular, y son sus torres, ubicadas en las esquinas y en la mitad de sus muros, lo que rompen la monotonía del edificio. Las torres más férreas se ubican en la parte oeste, la más delicada. El castillo se rodeaba de una muralla con un puente levadizo enmarcado por dos cubos con matacanes para el ataque o contraataque.
El castillo es la culminación de una estructura defensiva que consistía en amplia muralla que rodeaba toda la ciudad. De sus puertas quedan hoy el portalón del Hierro y el Portal Mayor, que fue el acceso principal, durante la Edad Media. Y por el costado de levante la Puerta del Sol, que fue postigo simplemente, y la Puerta del Toril, utilizable para salir a la Cañadilla desde la plaza mayor.
El aspecto de la fortaleza es muy homogéneo, ofreciendo un nivel de paramentos lisos y algunos torreones, unas veces de planta cuadrilátera, y otras semicirculares, siempre rematados por almenas. Su desafiante tono es el propio de una fortaleza netamente medieval, de los siglos XIII y XIV que fue cuando cobró su silueta verdadera.
En el interior, muy modificado, se pueden admirar diversos salones, como el salón rojo o salón del trono, en el que unos grandes pilares cuadrados delimitan un amplio espacio rematado por la gran chimenea renacentista, y muros decorados en un fuerte tono rojo, que se matiza con abundantes reposteros y armaduras. En este lugar impartían su justicia, civil y eclesiástica, los señores y obispos de Sigüenza. El comedor grande o salón de doña Blanca es otra pieza hermosísima, en la que se yerguen gruesos arcos pétreos apuntados sosteniendo la estructura de la sala.
La extensión es una característica destacada en esta residencia fortificada. Quedó patente que en el interior de sus muros habia sitio para poder refugiar a aproximadamente 1000 hombres a pie y 400 soldados ecuestres. Esto se pudo comprobar cuando se prepararon las tropas que iban a luchar en la guerra de Granada.
Una nota distintiva de este edificio con respecto a todas las contrucciones fortificadas restantes es su matiz religioso, debido al extenso período que estuvo ocupado por los obispos de la diócesis de Sigüenza, desde el siglo XII al siglo XIX. Es el único, a nivel nacional, que sirvió de residencia a altas jerarquías eclesiásticas, el único caso de fortificación residencial religiosa.
En la actualidad hace las funciones de Parador Nacional.

Castillo de Milmanda (Tarragona)


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El castillo de Milmanda fue construido por los árabes sobre los restos de un asentamiento utilizado por íberos, greco-fenicios, romanos y visigodos. A partir del siglo XII fue utilizado como granja del monasterio de Poblet. En el siglo XVI se convirtió en un lujoso palacio que fue pasando por diferentes propietarios hasta nuestos días.

Hospitalet de l´Infant (Tarragona)
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Esta fortaleza fue un hospital fundado por Blanca d'Anjou en el año 1310. Era de estilo gótico, y tenía 6 torres. Se encuentra en estado de ruina, aunque lo que quedaba en pie ha sido restaurado e integrado en las edificaciones de la localidad.

Riudabelles
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Denia (Alicante)


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Aunque se han encontrado vestigios ibéricos, el origen de Denia como población es romano (Dianio), situándose esta población al norte de la ciudad actual y frente al antiguo puerto. Según el famoso historiador y geógrafo Estrabón, Denia era una importante base naval de las tropas del general Sertorio en la península (siglo I a.C.). Durante el Alto Imperio gozó de un período de esplendor.
En la época visigoda, entre los años 636 y 693 Denia fue sede episcopal dependiente de Toledo. Denia (Danniya) alcanzó, bajo el dominio musulmán, el momento culminante de su expansión y poderío. Fue la capital de la taifa creada en 1010 por el amirí Muyahid que, anexionándose las Baleares, convertiría el reino en un importante centro marítimo y comercial. La taifa perdió su independencia en 1076, al pasar a depender de los Banu Hud de Zaragoza, hasta la invasión almorávide en 1091.
En 1244 la fortaleza de Denia y su zona de influencia fueron conquistadas para el Reino de Aragón por Eiximén d'En Carròs. El interior del recinto amurallado quedó como centro del poder cristiano en un término poblado mayoritariamente por musulmanes. La villa fue repoblada a fuero de Valencia. Jaime II inició la etapa de dominio señorial. En 1356 se convirtió en condado bajo la Casa de Gandía, revirtiendo a la Corona en tiempos de Alfonso "el Magnánimo". Durante la contienda entre aragoneses y castellanos en el siglo XV, la fortaleza de Denia fue escenario de enfrentamientos para determinar su propiedad, en los que intervino la población y la ciudad de Valencia, cuyas tropas la ocuparon hasta 1477.
Los Reyes Católicos la elevaron a la categoría de marquesado a finales del siglo XV. Durante la Guerra de las Germanías, el castillo fue refugio del virrey de Valencia, Diego Hurtado de Mendoza, tras su huida de la capital. El duque de Lerma, quinto marqués de Denia y valido de Felipe III, le otorgó importantes prebendas y el título de ciudad. Tras la expulsión de los moriscos, 25.000 de los cuales embarcaron desde el propio puerto de Denia, se produjo el despoblamiento y consiguiente ruina del marquesado. Una segunda crisis se produjo tras la Guerra de Sucesión, ya que la ciudad fue la primera en proclamar rey al posteriormente derrotado archiduque Carlos. En 1804 Denia se reincorpora a la Corona.
El castillo de Denia fue construido por los musulmanes entre los siglos XI y XII, aunque su obra se realizó sobre emplazamientos de épocas anteriores. Esta fortaleza estuvo en uso durante varios siglos, llegando en avanzado estado de ruina al siglo XIX, por lo que debió rendirse a las tropas francesas tras la invasión napoleónica. Posteriormente, una Real Orden de 1859 ordenó el abandono y derribo de la misma, lo que se evitó al pasar a propiedad privada, recuperándose para el municipio en 1952 e iniciándose seguidamente los trabajos de restauración que la han rehabilitado en gran parte.
El origen árabe de este castillo se mezcla con una gran cantidad de estilos posteriores y antiguos vestigios romanos. Se trata de una gran fortaleza que dispone de varios recintos y elementos defensivos, destacando la torre del Consell, del siglo XV; la torre del Mig, joya de la arquitectura militar del siglo XII; el Baluarte, de estilo renacentista con pórtico de la época islámica; y el Palacio del Gobernador, situado en la parte alta sobre la antigua alcazaba, anterior palacio residencial del marqués de Denia.

San Nicolás, Ciutadella (Menorca)
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Ascó (Tarragona)
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Este castillo, de origen árabe, fue destruido durante la guerra dels Segadors, a mediados del siglo XVII. Sólo queda parte de una torre árabe, reconstruida durante la guerra carlista, y una garita, parte de una torre gótica de una construcción arquitectónica inmejorable.

Castellciuró, Molins de Rei (Barcelona)


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Este castillo, del que se conservan documentos escritos del año 1066, fue originalmente una construcción visigótica del siglo VIII. Hacia el año 985 fue destruido por las hordas sarracenas de Almansur. Tras la dominación sarracena, todo el término, donde después se alzaría la población de Molins de Rei, pertenecía el pequeño castillo de Olorda. Varias torres y fortificaciones del lugar dieron paso más tarde a Castellciuiró. Perteneció también a los caballeros de la Orden del Temple, y después a don Luis de Requesens y a sus generaciones posteriores.
El castillo de Castellciuro, junto con el de Castelldefels y numerosas fortificaciones a lo largo del valle bajo del Llobregat hasta Abrera, incluyendo el castillo de El Papiol, formaban parte de las atalayas que mantenían los límites carolingios en la Marca Hispánica frente a los sarracenos leridanos y tortosinos. Había una fortificación al menos cada 4 km. El Imperio de Carlomagno iba del Llobregat al Elba.

Cervelló (Barcelona)
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En el año 904 pertenecía a Guifré Borrell. En el año 992 los condes Ramón y Ermengol vendieron el castillo y el término a Ènnec Bonfill, dando origen este último a los Cervelló. De las numerosas tierras que la familia Cervelló había adquirido de toda Cataluña, en 1297, Guerau de Cervelló vendió el castillo a Jaume II por 130.000 sueldos. En 1390 Joan I lo vendió a la ciudad de Barcelona. El linaje de los Cervelló permaneció ligado a la comarca hasta bien entrado el siglo XIII. En 1224 fue semidestruido por Jaime I durante la guerra contra Joan II y hacia al año 1715 el castillo ya estaba abandonado.

Requesens, La Jonquera (Gerona)
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Construido por el conde Gausfred II del Rossellón durante el siglo XI en la línea fronteriza con el condado de Empúries, el castillo fue escenario de diversos enfrentamientos armados entre ambos condes, que desembocaron en la llamada "guerra de Requesens" en 1148, cuando el castillo cambia de propietarios, los Rocabertí. Durante los siglos siguientes, el castillo sufrió las consecuencias de las guerras con Francia, especialmente a finales del siglo XIII, cuando cae en manos francesas en el segundo asedio de los hombres de Felipe "el Ardiente".
Fue reconstruido de manera fantasiosa a finales del siglo XIX, con abundancia de torres, almenas y aspilleras, por el conde de Perelada Rocabertí de Dameto, una obra del llamado "romanticismo arquitectónico" que había puesto de moda el polémico arquitecto francés Viollet-le-Duc, conocido por la obra del palacio de Versalles. Debido a esta última reconstrucción, inaugurada con una gran fiesta el 24 de junio de 1899, actualmente se hace difícil reconocer los restos originales del castillo.
Antiguamente los habitantes de Figueres iban en romerías desde la capilla de San Sebastián de Figueres hasta el castillo de Requesens pidiendo la tramontana purificadora. El castillo se convirtió en escenario cinematográfico, de la mano de Fernando Colomo, en la película "El Caballero del Dragón".

Tossa de Mar (Gerona)
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El castillo fue contruido en 1387 por el abad Ramón Dezcatlar. Los acontecimientos más importantes acontecidos en este castillo a lo largo de su historia son los intentos de incursiones piratas, sin éxito alguno, y en el siglo XIX, la guerra de la Independencia que enfrentó al pueblo español contra las tropas francesas. El castillo sirvió de defensa a esta localidad marítima, en la que incluso los pescadores pagaban el "castellatge de peix", un tributo al dueño del castillo para asegurar su defensa. Su emplazamiento constituye por sí mismo un elemento defensivo. Otro elemento defensivo importante son sus 7 torres, cada una de ellas con nombre propio. La torre del homenaje se llama "Torre del Reloj" y defiende el acceso a la villa. Las torres están unidas por un adarve, siendo éste el único acceso a las mismas.

Fuerte de Sant Jordi d'Alfama, L'Atmella de Mar (Tarragona)
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Fue construido en 1725, 75 años después de la destrucción del cercano castillo medieval de Alfama. Tiene forma de herradura.

Ribelles, Vilanova de l´Aguda (Lérida)
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Documentado desde 1067 como Castro Ribelles, este castillo se encontraba situado en la llamada "Ruta de las Invasiones", lo que obligaba a los Barones de Ribelles a participar activamente en las tierras reconquistadas. Su baronía comprendía además las poblaciones de l'Alzina, Vilalta y Guardiola. El castillo de Ribelles mantiene buena parte de su construcción medieval con base prerrománica y románica, así como de las ampliaciones realizadas en los siglos XV y XVI. Forma un conjunto integrado por el castillo, el cementerio y la iglesia, y en su ábside se han descubierto parte de unas pinturas que podrían datar del siglo XIV.

Vallmoll (Tarragona)
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Aunque se han encontrado restos iberos y romanos en la zona de els Garràfols, parece ser que el poblamiento y origen definitivo de Vallmoll fecha del tiempo de la Conquista, a mediados del siglo XI. En ese mismo siglo está fechado el castillo de Vallmoll, siendo el primer documento que menciona este castillo del año 987.
Fue dominio del Condado de Barcelona. En el año 1167 estaba en posesión de Guillem de Castellvell, primer señor de la baronía de Vallmoll. En el año 1176 e territorio pasó temporalmente a manos de los templarios, hasta que les devolvió el dinero que les debía. Por aquella época, los hospitalarios pleitearon por su posesión. De los Castellvell pasó a manos de la familia Montcada, y posteriormente al conde de Foix y al vizconde de Bearn. La baronía de Vallmoll pasó sucesivamente de manos de los Foix a los Cardona, después a los Cervelló, los Burgues, los Boixadors, momento en el que entraron en contacto la casa de Boixadors y la de Savallà, después los Rocabertí, y finalmente un sobrino de esta última familia, Ferran Truyols Despuig, casado con Magdalena de Vilallonga i Safortesa, última señora de Vallmoll, que murió en el año 1922. Actualmente, las posesiones, que fueron vendidas tras su muerte, son del Ayuntamiento.
Destaca el hecho de que los hospitalarios tuvieron derechos sobre Vallmoll desde el siglo XIII al siglo XVIII. Establecieron allí la encomienda de Vallmoll. También tuvo derechos en determinadas épocas el monasterio de Santes Creus.

Puebla de Alcocer (Badajoz)
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En el año 1445 el rey Don Juan II concedió la Puebla de Alcocer a don Gutierre de Sotomayor, Maestre de la Orden de Alcántara, sobre cuya tierra y villa ostentaría su señorío, y donde construyó su castillo con licencia del mismo monarca, aprovechando los restos de otro anterior, pues en el documento se habla de un castillo y fortaleza ya existentes. A finales del siglo XV rigió el castillo doña Elvira de Zúñiga, después del fallecimiento de su marido Alonso de Sotomayor y por minoría de edad de los hijos del matrimonio. Este hecho puede justificar la presencia de un blasón con las armas de Zúñiga en lo alto de la torre del homenaje.

Coyanza, Valencia de Don Juan (León)
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El castillo de Coyanza fue construido en el siglo XV sobre el asentamiento de otro castillo anterior que se erguía sobre un castro de la Edad del Hierro.
Valencia de don Juan perteneció a Castilla desde 1199, fecha en que pasó a dicho reino como parte de la dote de la reina Berenguela (o Berengaria), hasta la unión definitiva de Castilla y León, en 1230. El castillo de Coyanza fue construido por los Acuñas (condes de Valencia). Está formado por un foso, un antemuro y la gran muralla almenada con torres de triples cubos. Al sur se alza la torre del homenaje. Se conservan algunos tramos de la muralla que rodeaba la villa.

La Aljafería, Zaragoza
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Este castillo-palacio fue construido en el siglo XI como quinta de recreo de los reyes de Taifas (los Banu Hud). Pasó a ser residencia de los reyes cristianos tras la conquista de Zaragoza por Alfonso I El Batallador. Desde 1485 el palacio fue también sede del Tribunal de la Inquisición, incluidas sus cárceles. Destaca la reforma que realizaron los Reyes Católicos en 1492. En 1593 Felipe II la transformó en cuartel. Sufrió reformas desde el siglo XII al siglo XIX.
Zaragoza conserva algunos lienzos de la primitiva muralla romana construida en piedra con varios cubos redondeados así como un tramo de la muralla medieval de ladrillo, aunque el monumento defensivo más importante de la ciudad es el castillo-palacio de la Aljafería.
El palacio islámico conserva parte de su primitivo recinto fortificado. Es de planta cuadrangular reforzado por torreones exteriores redondeados con excepción del mayor llamado del Trovador. Éste destaca en altura y es rectangular, de grandes dimensiones y se organiza en varias plantas. La zona inferior, que data del siglo IX, es el resto más antiguo del conjunto arquitectónico. El palacio taifal es de una delicada belleza con el esquema de un gran patio rectangular a cielo abierto, dos pórticos laterales con arquerías mixtilíneas y al fondo unas estancias tripartitas destinadas al uso ceremonial y privado. En el pórtico norte se encuentra un pequeño oratorio de planta octogonal con una fina y profusa decoración en yeso.
Tras la Reconquista de la ciudad por Alfonso I "el Batallador", el palacio pasó a ser residencia de los monarcas cristianos, que llevaron a cabo numerosas obras de ampliación y acondicionamiento. De este período medieval (siglos XII-XIV) se conservan la iglesia de San Martín, la alcoba de Santa Isabel, la arquería oeste del patio y, sobre todo, las salas mudéjares del palacio de Pedro IV.
En torno a 1492, y sobre la fábrica musulmana, fue erigido el palacio de los Reyes Católicos. Este palacio consta de una solemne escalera, una galería y un conjunto de salas denominadas "de los Pasos Perdidos", con una magnífica techumbre de madera gótico-mudéjar que tienen su culminación en el gran Salón del Trono con un soberbio artesonado.
A finales del siglo XVI Felipe II ordenó adaptar el castillo para las nuevas armas de artillería y su ingeniero, Tiburcio Spanocchi, añadió una barrera en talud con baluartes pentagonales en los ángulos y un amplio foso. Entre los siglos XVIII y XIX se produjeron en el edificio profundas intervenciones para su adecuación como acuartelamiento.
Debido a todos los avatares históricos, la Aljafería es uno de los edificios más complejos de Aragón en cuanto a su historia constructiva y supone una de las mayores cimas del arte hispano-musulmán, siendo sus aportaciones artísticas retomadas con posterioridad en los Reales Alcázares de Sevilla y en la Alhambra de Granada.

Montuenga, Arcos de Jalón (Soria)
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El castillo de Montuenga vigilaba el paso natural entre la meseta y la cuenca del Ebro. Su importancia la atestigua la proximidad de la calzada romana entre Emérita (Mérida) y Caesaraugusta (Zaragoza), que utilizaba los valles del Jalón y el Henares para atravesar la meseta. Cuando la la frontera de la Marca Media se desplazó hacia el sur, entró en las disputas sobre La Raya entre los reinos de Castilla y Aragón.
El castillo de Montuenga es uno de los castillos fronterizos de la línea defensiva del valle del Jalón, junto con los de Medinaceli, Arcos del Jalón y Somaén, entre otros, así como sus atalayas. La planta del castillo de Montuenga se adapta al cerro sobre el que se asienta. En sus extremos se alzan sendas torres, unidas por lienzos de muralla.

Fernán González, Sepúlveda (Segovia)
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Fue construido por el conde Fernán González.
Sobre el cubo central, el de más altura, se yergue una pequeña espadaña neoclásica que alberga dos campanas de diferentes tamaños, coronada por una cruz metálica con veleta. Adosado a la parte inferior de los torreones hay un edificio del siglo XVIII con balconada corrida, que soporta el Reloj de la Plaza, y en el que realizan actualmente exposiciones culturales, y se lanza desde su balconada el Chupinazo anunciador del inicio de las Fiestas de Toros.

Fortaleza de Monterrei, Verín (Orense)
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Este monumental conjunto fortificado, en el que se asentaron los linajes de los Ulloa, los Zúñiga, los Viedma, los Fonseca, los Acevedo y los Duques de Alba, fue enclave estratégico desde la Edad Media en la frontera con Portugal. Su historia es extensa pues el valle fue poblado en el siglo X. El castillo fue construido en el siglo XII por Alfonso Henríquez, nieto del rey Alfonso VI, y adquirió importancia en el siglo XIV con Pedro I "el Cruel". En 1506 arribó aquí Felipe "el Hermoso" para encontrarse con el Cardenal Cisneros y enseñarle su función como rey de España.
La fortaleza ha ido adaptándose a diferentes estilos a lo largo de su historia. La Torre de las Damas fue edificada en el siglo XIV. Entre los siglos XV y XVII los sucesivos condes de Monterrei construyeron el palacio renacentista, la torre del Homenaje, el hospital de peregrinos y la iglesia gótica de Santa María. En la Edad Moderna se construyeron dos recintos abaluartados que encerraban los conventos de franciscanos y jesuitas, bajo la dirección de los ingenieros militares de Felipe IV, Juan de Villarroel y Carlos de Grunemberg. La función militar del conjunto fortificado se complementó con la importante vida cultural de la pequeña corte nobiliaria, en la que se imprimió el primer incunable gallego y se impartía docencia en gramática, artes y teología.
El monumental conjunto fortificado de Monterrei constituye la "Acrópolis" más grande de Galicia y forma un conjunto de evidente interés. Posee tres recintos amurallados sobre una alargada loma, y entre otros elementos defensivos imprescindibles destacan la torre del homenaje y la torre de las Damas. Uno de los accesos al recinto presenta un puente levadizo, elemento propio de estas fortalezas. Las almenas, los pequeños vanos y un pozo de 14 metros situado en el patio interior completan las defensas del edificio. Al patio de armas del castillo se accede por una puerta practicada en una muralla.

Montizón (Ciudad Real)
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Después de la Reconquista de la zona en el año 1213, el rey Alfonso VIII, mediante privilegio real, donó estas tierras a los caballeros de Santiago, que trasladaron su cabecera, que se encontraba en el castillo de Eznavejoz, a este castillo situado más al sur, algo más próximo a Sierra Morena. El castillo fue reformado y llamado Mons-Montesanus. También sufrió reformas en el siglo XIX.
Fue lugar de residencia del maestre don Rodrigo, padre del poeta Jorge Manrique e inspirador de las famosas Coplas "Recuerde el alma dormida, / avive el seso y despierte / contemplando cómo se pasa la vida". Villamanrique se llamaba anteriormente Belmonte de la Sierra, siendo el maestre Rodrigo Manrique quien le otorgó en 1474 el privilegio de villazgo y le dio el nombre actual. Aquí vivió Jorge Manrique, que fue comendador de Montizón.
Se conservan aún las murallas del recinto exterior, incluidas las puertas, entre ellas la puerta del castillo formada por un arco apuntado labrado en piedra de sillería. También quedan en pie dos bóvedas de crucería en ladrillo y la torre del homenaje. En el ángulo opuesto a la torre del homenaje hay unos sótanos con bóveda de cañón con contrafuertes.

Leiva (La Rioja)
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Castillo gótico construido en el siglo XV por Antonio de Leiva en memoria de la batalla de Pavía. Antonio de Leiva, nacido aquí en 1480, guerreó también contra los moriscos y los turcos, alcanzando tanta fama que el rey Carlos I quiso que figurara como soldado en su compañía.
Fue reconstruido en el siglo XVIII ante su avanzado estado de ruina, no siendo ésta su última remodelación, lo que hace que su estructura original haya sido muy modificada.

Maqueda (Toledo)
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El de Maqueda es un castillo de origen musulmán que tal vez nunca fue terminado de edificar, al menos en su interior. En el siglo XV fue reconstruido y ampliado por el matrimonio Cárdenas-Enríquez. Cuando los dueños del castillo fijaron su residencia en Torrijos, la fortaleza quedó sin uso y fue deteriorándose. El Estado la consolidó e instaló en su interior el cuartel de la Guardia Civil, dándole así una función, y un organismo conservador.
La reina Isabel la Católica vivió también en este castillo.

Palazuelos, Sigüenza (Guadalajara)
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Los Mendoza fueron dueños de esta pequeña población, que adquirió especial importancia con la impresionante fortificación que, a mediados del siglo XV, construyeron el marqués de Santillana, poeta y político de Guadalajara, y su hijo Pedro Hurtado de Mendoza, adelantado de Cazorla.
El castillo de Palazuelos es de pequeñas dimensiones, y se encuentra situado en el extremo septentrional del recinto amurallado de la villa. Está rodeado por una barbacana baja a la que se accede desde la villa por una puerta enmarcada por dos torreones desmochados, y que contaba con un puente levadizo. El recinto interior cuenta con paseo de ronda, y el centro se alza el cuerpo principal, formado por un edificio elevado de planta cuadrada, cerrado y rodeado de dos cubos en las esquinas, y una enorme torre del homenaje adosada al muro de poniente.

Belmonte (Cuenca)
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El origen del castillo de Belmonte data del siglo XII, cuando comienza la Reconquista, fundándose la localidad de Las Chozas, que posteriormente pasaría a llamarse Belmonte. El castillo actual data del siglo XV, y las labores de construcción se realizaron entre 1467 y 1472. Con la guerra por el trono, será plaza dominada por Felipe V "el Animoso". En el siglo XIX perteneció a la familia de Montijo y concretamente a doña Eugenia de Montijo, que se convirtió en emperatriz de Francia por su boda con el emperador Napoleón III. Esta etapa dejó su impronta en la fortaleza, pues la condesa mandó realizar una serie de reformas, con un claro matiz francés. En el año 1936, durante la Guerra Civil, se convertiría en cuartel y cárcel. Aquí se inició su destrucción.
El recinto tiene una planta atípica: tres rectángulos con torres con forma cúbica en sus ángulos y ubicados alrededor del patio de armas. Todo ello rodeado por una muralla, con la puerta de entrada al edificio enmarcada por dos estructuras con foma de cubo. La estructura está rematada con almenas y matacanes. Las torres son lo que más destaca junto con la muralla en forma de zig-zag. El escudo de los Pacheco es otro de los elementos dignos de mención.

Biar (Alicante)
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Las tierras de Biar fueron causa de continuos litigios entre aragoneses y castellanos durante la Reconquista. Por los tratados de Cazorla (1179) y de Almizra (1244) se fijaron las delimitaciones territoriales de ambas Coronas, que no siempre fueron respetadas. Finalmente se aceptó una hipotética línea que uniría Biar y Busot como límite del dominio castellano (hacia el sur) y aragonés (hacia el norte). Con posterioridad a este acuerdo, Jaime I de Aragón inició la campaña para la conquista del castillo. Había llegado a un acuerdo con el alcalde de la ciudad, Muza Almoravit, para la entrega la fortaleza. Sin embargo los habitantes se opusieron y el rey se preparó para la conquista de la ciudad. Jaime I, permitió que el alcalde se quedase con el castillo pero a su servicio, sin embargo acabará expulsando a los moros y repoblando la zona.
Biar, por su condición fronteriza, tuvo siempre una gran importancia estratégica, y fue una de las primeras plazas en ser tomadas por los sublevados en las revueltas moriscas de al-Azraq, y en su castillo estuvieron prisioneros el maestre de la Orden del Temple y otros caballeros. Durante la Guerra de los Dos Pedros la fortaleza volvió a ser objeto de acciones bélicas, permaneciendo bajo dominio aragonés a pesar de los intentos castellanos por conquistarla. Biar se declaró partidaria de la causa borbónica en la Guerra de Sucesión, y resistió los ataques de las fuerzas del archiduque de Austria. Durante la Guerra de la Independencia también fue escenario de diversos hechos de armas.
Durante la dominación musulmana ya había noticias de la fortaleza, pero son muy escasas, y no comenzará a tener relevancia hasta Jaime I. En 1265 se utilizó el castillo como punto básico para que la rebelión de los mudéjares de la vecina Murcia contra Castilla, no tuviera éxito.

Altas Torres, Alarcón (Cuenca)
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Los orígenes de Alarcón se pierden en los tiempos. Hay vestigios de la presencia de asentamientos iberos y romanos, aunque su nombre actual procede de tiempos de la dominación árabe. En el año 780 se refugió en Alarcón, fingiéndose ciego, Muhamed el Feheri, hijo del depuesto reyezuelo de Toledo. También prestó asilo a Abderramán, y fue escondite de Omar Ibn Hafsun, azote de los emires cordobeses. Después de la conquista de Cuenca en 1177, Alfonso VIII dirigió sus tropas hacia Alarcón, y en 1184, tras 9 meses de asedio, las tropas formadas por caballeros extremeños y capitaneadas por el asturiano de origen real Martín de Ceballos entraron en la ciudad, después de que, según se cuenta, Martín de Ceballos escalara las paredes de la muralla apoyándose sobre dos dagas vizcaínas. Más tarde se anexionan a Alarcón todos los territorios conquistados en buena parte de la Mancha conquense y albaceteña, y se le concedió fuero propio. La Orden de Santiago construyó en Alarcón un Hospital de Peregrinos.
Alfonso VIII estableció su corte en Alarcón durante cas todo el año 1211, preparando la decisiva batalla de Navas de Tolosa (1212), en la que se destacó el Consejo de Alarcón, con su propio ejército. A principios del XIV las tierras de Alarcón fueron cedidas al infante Juan Manuel, quien escribió al abrigo de sus muros la mayor parte de su obra literaria, y restauró la fortaleza.
Finalmente pasó a ser dominio del marquesado de Villena, con el que los Reyes Católicos tendrían numerosas disputas en su intento por reducir el poder feudal de la época. En esta época Alarcón fue protagonista de sus últimas batallas, ya que se convierte en el centro de la resistencia del marquesado frente a los monarcas. En el año 1471, el marqués buscó refugio entre los muros de esta fortaleza a causa de su enfrentamiento con las tropas de los Reyes Católicos. El desenlace de tal pugna terminó con la imposibilidad de los reyes de tomar el castillo, por lo que se firmó un tratado. Ya en el siglo XIX sufrió las guerras carlistas. A partir de entonces, comenzó su restauración.

Alquézar (Huesca)
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El castillo musulmán de Alquézar fue construido en el siglo IX por Jalaf Ibn Arad. En 893 perteneció a un señor musulmán: Ban Qasi de Tudela. Su reconquista fue llevada a cabo en 1067 por Sancho Ramírez, quien mandó construir la capilla real de Santa María. El abad Banzo de Fanlo construyó una torre, probablemente la albarrana. Perteneció a la Corona durante temporadas pues cuando los reyes tenían problemas ecónomicos le cedían el dominio del castillo a los nobles.

Almansa (Albacete)
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El castillo de Almansa fue ya famoso por su importancia a principios del siglo XII, sin embargo el actual castillo fue construido por el infante don Juan Manuel en el siglo XIV y su aspecto actual corresponde a las reformas realizadas en la época del marqués de Villena, Don Juan Pacheco.
El castillo de Almansa es de origen es árabe. Fue reconquistado por Jaime I quien lo cedió al Temple, y posteriormente volvió a manos reales. Alfonso X "el Sabio" lo dotó de dos fueros, el de Requena y el de Cuenca. En manos de don Juan Manuel, se inició su reconstrucción, pero, en el siglo XVI, empezó su decadencia. En 1707 el castillo fue escenario, durante la Guerra de Sucesión, de una batalla de renombre histórico, la batalla de Almansa. En ella, fueron derrotados y capturados nueve mil soldados austríacos. Venció el ejército franco-español, encabezado por el duque de Berwick. A partir de esta batalla, se inclinó la guerra a favor del asentamiento de Felipe V y la dinastía de los Borbones en el Trono de España.

Triste Condesa, Arenas de San Pedro (Ávila)
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Fue construido entre 1393 y 1423 por el condestable don Ruiz López Dávalos, que fue desterrado en 1422 por el rey. Un año más tarde pasó a la familia Pimentel. El segundo conde de Benavente dio la fortaleza en dote a su hija doña Juana Pimentel que se casó con don Álvaro de Luna en 1432. El marido de doña Juana Pimentel murió ajusticiado por el rey Juan II en 1453, y desde ese momento el castillo comenzó a conocerse por "Castillo de la Triste Condesa". El castillo, tras largos pleitos, siguió en manos de la condesa viuda.

Alcazaba de Trujillo (Cáceres)
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En el siglo IX, la comarca de Trujillo estaba dominada por una tribu beréber. En 1186, Alfonso VIII logró dominar la ciudad. Diez años después, pasó a manos almohades. En 1232 las órdenes militares la incluyeron definitivamente a la Corona después de haber estado durante seis siglos bajo la dominacón árabe. Fue empeñada por Fernando II para obtener dinero. Alfonso XI la donó a su esposa, doña María de Portugal.
El origen de Trujillo se remonta a la época romana. Pero su fama es debida, sobre todo, a que es la cuna de muchos conquistadores importantes del país, entre los que destacan Pizarro, García de Paredes, Orellana o Nuño de Chaves. Más de 600 hombres participaron en la conquista de América, iniciándose así la etapa expansionista y colonialista española.

Molina de Aragón (Guadalajara)
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El origen de la fortaleza de Molina de Aragón es el alcázar que los árabes levantaron, sobre un antiguo castro celtibérico, y en el que situaron la sede de los reyezuelos del territorio taifa molinés. Sus jefes, como Hucalao, Aben Hamar y Abengalbón, resuenan en algunas crónicas árabes de la época. Este último fue gran amigo del Cid Campeador y alojó al guerrero burgalés en sus caminares de exilio entre Castilla y Valencia. El territorio molinés fue conquistado a los árabes por Alfonso I "el Batallador" de Aragón, en el año 1129. La disputa del territorio, elevado y frío, despoblado casi por completo, pero estratégico en el dominio de los caminos entre Aragón y Castilla, quedó finalmente para Castilla, y su señorío fue entregado en régimen de behetría a la familia de los Lara.
Estos magnates constituyeron en Molina de los Caballeros un fuerte núcleo poblacional al que concedieron un fuero, promulgado en el año 1154 por su primer conde, don Manrique de Lara. Se creó un poderoso Común de Villa y Tierra, organización propia de la Castilla meridional, cuya cabeza territorial era Molina, sede del señorío, de las instituciones, de los representantes, del mercado, etc., y protegida por una muralla que fue creciendo a partir de la segunda mitad del siglo XII. El gobierno de los Lara sobre el territorio y la villa de Molina duró hasta finales del siglo XIII. Luego pasó a ser señorío de los reyes castellanos por la boda de su señora, doña María, con Sancho IV. Durante los casi dos siglos de relativa independencia, la ciudad de Molina fue progresivamente edificada y cuidada por sus señores. Todos fueron añadiendo elementos al castillo, cada vez más fuerte, y finalmente doña Blanca de Molina terminó de construir la fortaleza y darle el tamaño y el aspecto que hoy muestra.
Las fortalezas molinesas, que han permanecido a lo largo de los siglos sin necesidad de restauraciones especialmente llamativas, fueron protagonistas de múltiples batallas, tanto en la Edad Media como en la guerra de la Independencia y las guerras carlistas. Además de haber servido de refugio al Empecinado y sufrido un incendio violento toda la ciudad en 1810 por orden del general francés Roquet, en 1875 el castillo molinés tuvo que soportar el asalto y destrucción de parte de sus murallas por una fuerte columna de carlistas comandada por el general Vallés. Tras haber servido de cuartel durante todo el siglo XIX, la fortaleza de Molina quedó vacía desde principios de nuestro siglo, y hoy sólo sirve para que el turista y curioso de las antiguas construcciones guerreras medievales pase un rato evocador recorriendo sus patios, subiendo las escaleras retorcidas de sus torres o asomando la vista desde los adarves protegidos de fuertes almenas.

Cabo de Gata (Almería)
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Mombeltrán (Ávila)
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Data de mediados del siglo XV. En 1461 fue donado por el rey Enrique IV a su favorito don Beltrán de la Cueva, antepasado del actual propietario, el duque de Alburquerque, y poseedor también del castillo de Cuéllar.
Consta de dos recintos de forma cuadrada con cubos circulares en las esquinas. El interior conserva un patio de armas con restos de columnas, muros y escaleras.

Simancas (Valladolid)
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El castillo actual fue construido en el siglo XV por el almirante de Castilla don Fadrique Enríquez en un lugar estratégico a orillas del río Pisuerga, donde se situó desde los tiempos de la invasión musulmana un antiguo castillo que fue sucesivamente de árabes y cristianos. Más tarde fue cedido a la corona. Carlos V, Felipe II y sucesivos monarcas decidieron ubicar en el castillo el Archivo General del Reino, uso que todavía tiene. Con tal motivo se hicieron importantes reformas durante los siglos XVI y XVII bajo la dirección de los arquitectos Juan de Herrera y Francisco de Mora. También fue usado como prisión del Estado.
El castillo consta de dos recintos. El recinto exterior tiene forma pentagonal y está formado por lienzos de muralla y cubos cilíndricos a lo largo del terraplén interno del amplio foso que rodea al conjunto. El recinto interior sufrió muchas transformaciones para adaptarse a la función de Archivo. Se conserva la capilla original del siglo XV.

Coca (Segovia)
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Fue construido en el año 1453 por el ilustre obispo de Ávila, don Alonso de Fonseca, bajo la dirección del arquitecto Alí Caro. A su muerte la obra fue continuada por su hermano. En 1462, en la población de Coca funcionaba una ceca de emisión de moneda castellana y portuguesa que servía para pagar la mano de obra que intervino en la construcción de la fortaleza. Estuvo a punto de ser demolido por los comuneros como venganza del incendio de Medina del Campo ordenado por el obispo Fonseca.
El castillo de Coca es una de las fortalezas más espectaculares de España. Este castillo militar de estilo gótico-mudéjar está considerado el prototipo de castillo señorial castellano del siglo XV. Se asienta en una zona llana que busca su altura y defensa por medio de un ancho y profundo foso de 560 metros de perímetro, que se salva por un puente fijo. Es el mejor foso de Castilla.
El conjunto está formado por dos recintos, uno exterior con función defensiva, y otro interior con torres en las esquinas. Se accede al castillo a través de una puerta defendida por dos gigantescos cubos de ladrillo. El almenado es doble y está completo. La barrera posee hermosas torres que le dan aspecto de fortaleza. La torre del homenaje es de planta cuadrada y conserva todos los pisos que tuvo. Destacan la bóveda de ladrillo de la primera planta y las almenas de ladrillo de la azotea. También conserva las escaleras de acceso de caracol con altos peldaños de ladrillo. Su altura es impresionante y se conserva como en el siglo XV. Las dependencias se disponen en torno a un patio de armas, que fue antaño de una suntuosidad verdaderamente regia, constituido por una doble galería de columnas de mármol de orden corintio, y con los pisos y paredes cubiertos de azulejos y yeserías. Este patio fue brutalmente deshecho en 1828 por Faustino Ruiz, administrador de la Casa Ducal de Alba que, con objeto de aprovechar el valor de aquella magnífica columnata la echó a tierra, vendiendo cada columna a 40 pesetas. Actualmente este patio está reconstruido y tiene dos plantas con galerías. En la parte baja los arcos descansan sobre pilastras de ladrillo con basas de piedra. En el castillo hay una mazmorra con un único agujero en el techo, para evitar que los presos escaparan.

Ponferrada (León)
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El castillo de Ponferrada fue originariamente un castro prerromano y después una ciudadela romana que, asolada en el siglo IX, fue reconstruida y fortificada. En el siglo XII, los reyes de León donaron Ponferrada a la Orden del Temple con la misión de socorrer a los peregrinos que pasaran por este territorio. El castillo comenzó a construirse en el siglo XI, y perteneció a los templarios hasta que, en 1312, se disolvió la orden y pasó a la Corona de León. En 1486 era propiedad de los Reyes Católicos. Durante la ocupación francesa de 1811 se encontraba en perfectas condiciones. En uno de sus salones, los oficiales del Regimiento de Monterrey ofrecieron un fabuloso baile en honor a las damas de la ciudad de Ponferrada. Posteriormente, fue mandado destruir para evitar que cayera en manos francesas.
El castillo que hoy conocemos es el resultado de una larga serie de ampliaciones, reformas y añadidos que van desde la primera cerca de la planta cuadrada de principios del siglo XII, hasta las últimas zonas construidas a finales del siglo XV y principios del XVI. Posteriores incorporaciones y las numerosas reformas llevadas a cabo desde principios del siglo XX, han contribuido a la complejidad del conjunto, tal y como lo conocemos hoy en día. Los escudos y blasones de quienes lo ocuparon y contribuyeron en su construcción son prueba de sus diferentes etapas:
-Primer período (finales del siglo XII-principios del XIII). Cuando en 1178 Ponferrada pasa a depender de la Orden del Temple, por donación de los reyes leoneses, los templarios encuentran una pequeña fortaleza que fue en su origen castro y, posteriormente, ciudadela romana. Aunque el origen del castillo se sitúa en el siglo XII, es en esta etapa cuando se refuerza y reedifica el recinto amurallado, con fábrica de cal y canto, para proteger y custodiar a los peregrinos del Camino de Santiago y defender la entrada a la zona noroeste de la península.
-Segundo período (siglos XIII y XIV). Disuelta la Orden del Temple, su maestre hará entrega de la fortaleza y villa al rey Fernando IV, que a su vez lo donará a su mayordomo, Pedro Fernández de Castro, señor de Lemos y Sarria, que comenzaría a levantar la parte denominada Castillo Viejo, en la esquina norte de la cerca.
-Tercer período (segunda mitad del siglo XV). Durante este período fueron múltiples los acontecimientos que hicieron que el castillo retornara a la Corona y porteriormente a los Osorio-Castro. Época de grandes reformas, debidas a necesidades defensivas, llevaron a construir las Torres de Monclín, Cabrera, Malpica, la de entrada y la de los Caracoles, la Barbacana, el puente levadizo, la zona palaciega, la torre de Malvecino y el Cubo Nuevo.
-Cuarto período (finales del siglo XV-principios del XVI). Se fortalecerá la torre de Malvecino y se construirá la de Juan Torres, y probablemente la Mina o Coracha y sus baluartes. Posteriores incorporaciones, como las caballerizas en 1848, y las numerosas reformas y reparaciones llevadas a cabo desde principios del siglo XX, han contribuido a la complejidad del conjunto, tal y como hoy lo conocemos.
Se considera uno de los castillos más representativos de la vida del Temple y uno de los modelos de la arquitectura militar de más hermosa silueta.

Peñarroya, Argamasilla de Alba (Ciudad Real)
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Según una crónica manchega de don Ramón Antequera Bellón (Juicio Analítico del Quijote), el capitán Alonso Pérez de Sanabria arrebató el castillo a los moros el 8 de septiembre de 1198. A raíz de la toma de la fortaleza se encontró la imagen de Nuestra Señora de Peñarroya, que es venerada desde entonces por los vecinos de Argamasilla, que tienen en ella su patrona.

Ampudia (Palencia)
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El castillo de Ampudia fue construido en el siglo XI sobre las ruinas de un lujoso alcázar, y fue amurallado a finales de ese mismo siglo. En 1188 Alfonso VIII incluyó la villa en la dote de su hija Berenguela, perteneciendo durante el siglo XIII a las reinas doña Beatriz de Suabia y doña Violante. En 1296 se encuentra bajo el dominio del infante don Juan, sublevado contra Fernando IV. Éste ofrece la villa a la ciudad de Palencia, si consigue tomarla, cosa que no consigue, al permanecer en poder de Juan Núñez de Lara, aliado del infante rebelde. En diciembre de 1297, tras un asedio de cuatro días y ante la inminente llegada de la reina doña María de Molina, madre del rey, Juan Núñez escapa a Torrelobatón. Dos años más tarde entrega a la Corona a cambio de su libertad la villa fortificada.
Perteneció posteriormente a María de Portugal, esposa de Alfonso XI, y en 1354 la villa fue conquistada por el rey Pedro I, quién la cedió a su favorito Juan Alfonso de Albuquerque. La muerte de Pedro I, en la guerra civil que le enfrenta con Enrique II, supone el paso de estas posesiones al infante don Sancho, hermano del rey Enrique II.
A principios del siglo XV el obispo de Palencia, Sancho de Rojas, donó la villa a su sobrino Pedro García de Herrera, que, en 1419, consiguió de Juan II el privilegio para instituir mayorazgo en la villa. Pedro García de Herrera se casó con María de Ayala, y a su muerte, en 1455, le sucedió su hijo García López de Ayala, casado con María Sarmiento. Entre 1461 y 1488 construyen la parte principal del actual castillo, colocando los escudos de Herrera, Ayala y Rojas, que decoran los frisos de las habitaciones principales. Les sucede en 1485 su hijo, Pedro Ayala y Rojas, conde de Salvatierra (Álava), que toma el castillo por la fuerza a su madre. En 1521, durante la guerra de las comunidades, el conde de Salvatierra tomó partido por el bando comunero, lo que hizo que el castillo fuera tomado por los realistas al mando de don Francés de Beaumont. Posteriormente los comuneros, al mando de Padilla y el obispo Acuña, y tras cuatro días de asedio, consiguieron reconquistar la fortaleza, al obligar a los defensores a salir en busca de refugio al vecino castillo de Torremormojón. Derrotadas las tropas comuneras, en 1522 el rey Carlos I confiscó el castillo, y pese a la promesa de no devolverlo a don Pedro de Ayala ni a sus sucesores, ni de enajenarlo, en 1525 fue vendido al hijo del conde rebelde por 20.000 ducados.
En 1528 la fortaleza fue reformada para alojar en ella a los Delfines de Francia, prisioneros del emperador don Carlos, tras la batalla de Pavía. Al agotarse la línea primogénita de los Ayala, pasó en 1597 a poder de Francisco de Sandoval y Rojas, futuro duque de Lerma y valido de Felipe III, que colocó su escudo de armas en la puerta principal y convirtió la armería en la pieza principal del castillo.
Durante la guerra de la independencia los franceses, al mando del mariscal Bessieres, ocuparon la villa y el castillo. En 1834 se extrajeron piedras del castillo para construir el cementerio.

Pioz (Guadalajara)
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La historia de Pioz es muy escasa en acontecimientos. Esta pequeña aldea perteneció, desde finales del siglo XI en que posiblemente se fundó tras las iniciativas castellanas de repoblación, al Común de Villa y Tierra de Guadalajara. Fue señorío real hasta que, a mitad del siglo XV, el rey Juan II de Castilla entregó el lugar en dote a su hermana Catalina, cuando ésta contrajo matrimonio con su primo, el infante de Aragón don Enrique. Pero este rey, pocos años después, se lo quitó alegando que su cuñado le movía guerra, y lo entregó en donación generosa a su afecto cortesano don Íñigo López de Mendoza, primer marqués de Santillana. A la muerte de éste en 1458, pasó a su hijo predilecto, el que fuera gran cardenal de España, don Pedro González de Mendoza, que enseguida inició la construcción de un castillo, que muy posiblemente deseaba plasmar las ideas sobre castillos-palacios que había concebido en Italia. En 1469 el entonces obispo de Sigüenza propuso al noble castellano Álvar Gómez de Ciudad Real un trato consistente en el cambio de su villa de Pioz con el iniciado castillo, los lugares de El Pozo, los Yélamos y algunos otros enclaves de la Alcarria por la fortaleza y villa amurallada de Maqueda. Aceptado en trato Pioz pasó a las manos de la familia de los Gómez de Ciudad Real, que continuaron la construccion del castillo, completándole, tal como hoy lo vemos, en los años finales del siglo XV.
El castillo de Pioz es un castillo de llanura, dominante de amplios horizontes y visto a su vez desde lejanas posiciones en la plana meseta de la Alcarria. Se encuentra rodeado de un hondo foso que los siglos han ido rellenando. Por la parte meridional, tenía la entrada habitual y principesca: dos machones cilíndricos fuera del foso servían para que apoyara el puente de madera, levadizo, que se dejaba caer desde el correspondiente hueco abierto en la barbacana de la fortaleza. Por la parte septentrional, una estrecha puertecilla a modo de poterna permitía la entrada o salida del castillo directamente sobre la profundidad del foso. Es el mejor acceso hoy para entrar a la fortaleza.
El muro externo de la fortaleza es enormemente grueso, construido en escarpa poco pronunciada, y ha sufrido con mayor crudeza el expolio de sus piedras. Culmina en muralla poco elevada, con almenas y adarve al que se accedía por escalerillas desde el camino de ronda. Se completa con torreones esquineros cilíndricos en los que podían albergarse piezas de artillería.
El recinto interior es de planta cuadrada, con altos muros lisos en los que, a la altura de los pisos interiores, se abren algunos ventanales amplios.
El resto del paramento sólo tiene estrechas saeteras. En las esquinas del castillo se alzan torreones de planta cilíndrica, rematados en leve moldura.En la esquina noroeste se alza la torre del homenaje, de irregular planta, cuadrada por un lado y circular por otro. Para entrar en esta torre debía hacerse a través de otro puente levadizo, de los de tipo de brazo con contrapeso y eje central, complicado sistema que hacía muy segura la torre, a la que luego se ascendía a través de escalera de caracol interior.

Fuensaldaña (Valladolid)
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Fue construido en el siglo XV por la familia Vivero como residencia señorial y reformado en el siglo XX.
Su fisonomía es la típica de un castillo señorial, con torre del homenaje de 34 metros de altura y de sección rectangular y un sencillo recinto cuadrado con cubos en las esquinas, en cuyo patio de armas se ha construido el hemiciclo de las Cortes de Castilla y León. A la torre se accedía por un puente levadizo. Tiene tres pisos interiores y un sótano comunicados por una escalera de caracol de planta cuadrada que llega hasta una terraza almenada y con cuatro garitas en sus esquinas que se prolongan hasta el suelo en cuatro finas torretas. Cada piso consta de una amplia estancia abovedada, provista de ventanas con rejas.

Sabiote (Jaén)
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Aunque desde la Edad del Bronce este estratégico enclave ha sido ocupado por asentamientos humanos casi ininterrumpidamente, no fue hasta los tiempos de la conquista islámica cuando Sabiote adquirió mayor importancia. Las fuentes árabes la llaman como "Castillo de Sabiyuta" de la demarcación de Úbeda en la Cora de Jaén, ya que desde tiempos del califato cordobés existió aquí una fortificación. La primera noticia documental se sitúa en torno al año 1137, cuando la ciudad fue atacada por el ejército de Alfonso VII, que no logró conquistarla. Sabiote era puerta de entrada no sólo a su comarca sino a la capital, por lo que no es de extrañar que durante los siglos XI y XII se redoblaran los esfuerzos para reforzar sus defensas. Pero los sucesivos ataques cristianos tuvieron finalmente éxito y en el año 1226 fue conquistada por Fernando III el Santo, que le concedió una nueva reglamentación jurídica, el fuero de Cuenca, cuyo códice, del siglo XIII, aún se conserva. El castillo árabe fue reedificado por Juan de Zúñiga hacia el año 1230.
El dominio de la Sabiote cristiana se lo disputaron el obispo de Baeza y el arzobispo de Toledo, Rodrigo Ximénez de Rada, adelantado de Cazorla. Sin embargo, Alfonso X "el Sabio" le otorgó el título de "Muy Leal Villa" y se la concedió a la Orden de Calatrava. Durante el siglo XV Sabiote jugó un papel destacado en las luchas ocurridas en la zona de la Loma, a raíz de las disputas dinásticas tras la muerte de Enrique IV.
El siglo XVI fue el de mayor esplendor para la villa de Sabiote. En el año 1537 el emperador Carlos V ganó la villa a su secretario, Francisco de los Cobos, que hizo de Sabiote y su castillo el centro de su mayorazgo, remodelando, entre los años 1537 y 1543, la antigua alcazaba hispano-musulmana en un palacio renacentista, al tiempo que reforzaba su carácter militar. En sus extremos se incorporaron por primera vez en España los principios de la fortificación abaluartada, seguidos en esa época en Italia, mientras que el interior se engalanó con un refinado patio de dobles galerías en tres de sus lados. La realización de la zona palaciega se atribuye a Andrés de Vandelvira, maestro del Renacimiento andaluz, y la militar a alguno de los ingenieros de Carlos V, como Benedetto de Ravenna. A la muerte de Cobos, su viuda, María de Mendoza, mantuvo el amplio patrimonio que más tarde heredó su hijo, Diego de Cobos, primer marqués de Camarasa. En 1573 la titularidad de Sabiote pasó a la casa de Medinacelli hasta que después de las Cortes de Cádiz de 1812 consiguió su independencia.
El castillo de Sabiote está considerado como la construcción más importante que, con fines militares, se construyera en el siglo XVI en la provincia de Jaén, siendo también el ejemplo más antiguo de cuantos se conservan en la actualidad de modelo castillo-baluarte renacentista. A sus puertas podrá adivinarse el valle del Guadalimar y los horizontes de Sierra Morena y Sierra Mágina, confirmando la importancia militar que este paraje tuvo como lugar privilegiado desde la Edad de Bronce. El castillo posee una bella portada plateresca con un escudo que porta las armas de Cobos Molina y doña María Mendoza, sus promotores. Sabiote conserva también parte de su recinto amurallado, con algunas de las antiguas puertas (originariamente eran seis) que daban acceso a la villa, entre ellas la puerta del Chirigote, la del Pelotero o de San Bartolomé, y la puerta morisca de Granada.

Salvatierra de los Barros (Badajoz)
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Este poderoso castillo data de finales del siglo XV y fue levantado por Hernán Gomes de Solís sobre una fortificación anterior, asolada poco antes por el conde de Feria, Gómez Suárez de Figueroa.
El castillo tiene las dimensiones propias de alcazaba y fue muy codiciado y combatido durante su época de esplendor. El atractivo conjunto de los numerosos cubos y torreones cilíndricos que lo conforman le dan un marcado carácter de fortaleza que impresiona al visitante.

Olmillos de Sasamón (Burgos)
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Fue concebido como residencia fortificada por la nobleza de mediados del siglo XV, concretamente por don Pedro de Cartagena, que perteneció a una noble familia burgalesa de judíos conversos, los Leví. El castillo perteneció al señorío de los Cartagena (siglos XV-XVI), y posteriormente a los Vizcondes de Valoria (siglos XVII-XVIII) y a los Duques de Gor (siglo XIX).
Es uno de los castillos-palacio más atractivos de la provincia de Burgos. Posee dos recintos: el exterior, muy arruinado, y el interior, con tres torres circulares y una rectangular.

Villafuerte de Esgueva (Valladolid)
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Fue construido en el siglo XV por Garci Franco de Toledo, noble de origen judío, señor de Vellosillo.
Es una construcción gótica y uno de los ejemplos más típicos de la Escuela de Valladolid. La fortaleza está protegida por una barbacana, que tiene en sus ángulos cubos cilíndricos con matacanes y almenas. El patio de armas se siente dominado por la esbelta torre del homenaje, de planta cuadrada, con atalayeras en sus esquinas. Se conservan ventanas con rejas de tracería cuadriculada. La torre del homenaje tiene dos cámaras abovedadas. A la azotea se accede por una escalera de caracol. En las esquinas tiene cuatro torretas.

Sádaba (Zaragoza)
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La zona de Sádaba se empezó a repoblar en el siglo XI. Un castillo más primitivo que el actual data del año 1125. Posteriormente, en 1158, pasó a manos de don Pedro García. En 1215 el rey de Navarra, Sancho VII, lo incluyó en sus territorios por la proximidad de la localidad de Sádaba a su reino. Fue escenario de numerosas guerras. En el siglo XVI se mantuvo en buen estado pero se abandonó en los siglos siguientes.
El castillo de Sádaba es de estilo bajomedieval con decoraciones claramente cistercienses (siglo XIII). Es atípico por la carencia de elementos defensivos, como la torre del homenaje o la muralla. No existe foso ni tampoco barrera. Las saeteras y los vanos son escasos y no posee matacanes. Sus únicas defensas son el grosor de sus muros, con sus torres cuadradas rematadas en almenas, y los adarves.

Montemayor del Río (Salamanca)
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Esta villa y su castillo tuvieron por dueños, allá por 1220, al rey Sancho de Portugal y a su hijo Alfonso "el Gordo". Más tarde, hacia 1285, fue señor de la villa don Pedro, el hijo mayor de Alfonso X "el Sabio". El conjunto actual parece haber sido construido en los siglos XIV y XV, probablemente por el infante don Pedro o por su hijo don Sancho. Fue propiedad de la familia real hasta el año 1458, año en que fue donado por el príncipe Enrique (futuro Enrique IV) a Juan de Silva.
El recinto principal está reforzado con torres redondas y cuadradas, entre las que destaca la del homenaje. Su perímetro no es excesivo y está rodeado de una simple muralla que cuenta con puerta hacia el oeste, para la defensa de un puente, y por allí, desprendiéndose hacia abajo, se esparce el caserío de la villa. A lo de dentro, donde se encuentran la parroquia y casas anejas, lo llaman "El Cortinar".
Por la parte de oriente destaca el verdadero castillo y a la vez palacio, con un foso, antemuro en el que se abre un pequeño arco semicircular, entre cubos pequeños, y detrás el recinto principal, reforzado por torres cuadradas y redondas entre las que sube, hacia el norte, la torre del homenaje. La puerta, que se forma en ángulo dentro de una torre, posee dos arcos, uno agudo y otro escarzano, con una garita encima. las ventanas son adinteladas, habiendo perdido varias de ellas la decoración que tenían en el exterior, y las almenas están provistas de troneras redondas y saeteras.

Belvís de Monroy (Cáceres)
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Alejada esta zona del territorio de las órdenes militares, y necesitado igualmente de protección tras la Reconquista, los monarcas la darán inicialmente a la ciudad de Plasencia, pasando en el siglo XIII, en tiempos de Sancho IV, a manos de Fernando Pérez del Bote, que constituirá un señorío con objeto de contribuir a la explotación de las tierras y a su repoblación. En el año 1329 esta familia obtuvo el señorío de Belvís.
En la primera mitad del siglo XIV figura como titular Alonso Fernández del Bote a quien se atribuye la construcción de la primitiva casa fuerte sobre la que sus descendientes elevarán el castillo que hoy podemos ver.
En el siglo XV los bandoleros y saqueadores asolaron esta zona hasta la llegada de la Inquisición. Durante la segunda mitad del siglo XV esta fortaleza se vio sometida a diversos asedios y asaltos, dada la enemistad de sus dueños con sus parientes del castillo de Monroy. En una carta de los Reyes Católicos, fechada en 1480, se hace referencia al conflicto familiar entre Hernando de Monroy, señor de Belvís, y el otro Hernando de Monroy, su primo, señor de Monroy, en la cual se pone de manifiesto la denuncia del primero, señor de Belvís, que reclama a su primo de Monroy los daños por los desmanes cometidos por su padre, Rodrigo de Monroy, ya fallecido, que 26 años antes había asaltado y robado este castillo de Belvís de Monroy. Precisamente, los escudos que se ven en la puerta de la fortaleza, con las armas de Monroy y Herrera, pueden ser de este Hernando de Monroy y de su esposa Catalina Herrera, por lo tanto de la segunda mitad del siglo XV. Después de varias disputas, ambas familias se unieron por medio del matrimonio de sus dos hijos, Isabel de Almaraz y Hernán Rodríguez de Monroy.

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