martes, enero 17, 2012

¿Y si nieva mañana?

No me gusta la nieve, ni el invierno, ni el frío. La única forma que concibo en que podría llegar a gustarme un paisaje nevado fuera de las postales, sería fruto de mi imaginación y, por supuesto, en esa imagen ficticia aparecería él. Porque junto a él todo es perfecto, todo tiene magia...
Entonces no me importaría dejar plasmadas las huellas de mis pies sobre la nieve, no me importaría que el pelo se velara por un retal semitransparente de fruncidos blancos que se convierten en agua cuando clavas la vista en ellos. Incluso compartiría las manoplas con él. Hoy he sacado de algún abrigo esas manoplas, las que recuerdo haberle puesto en las manos varias veces y que él se iba quitando lentamente. Entonces he sentido un escalofrío.
Echo de menos no encontrarme con él. Pero ha de ser así... de momento.

Que no nieve mañana.

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