Anoche me quedé dormida antes de medianoche. Lo que jamás hubiera esperado es un día como éste. Empezaba bien, pero se ha nublado al final de la mañana. Lo peor es que estaba yo sola para derrumbarme y he tenido que ser yo la portadora de la noticia más triste que podía esperar, que podíamos esperar.
A las dos de la tarde me encontraba aún en la oficina, esperaba quedarme a comer, pero no ha podido ser. Un móvil desconocido aparecía en la pantalla, insistente. Cuando me ha dicho: "Ana, soy la tía" sabía que no iba a ser bueno lo que había de decirme. "El tío Pepe ha muerto". El mundo alrededor de mí ha empezado a dar vueltas sin parar, me he desmoronado, el suelo ya no se encontraba bajo mis pies. Las palabras se amontonaban en mis labios en forma de preguntas. Mi tía, más serena, contestaba a todo lo que le preguntaba, y luego me ha dicho que no había conseguido contactar ni con mis padres ni con mis hermanos.
He llamado a mi padre, entre lágrimas, aún incrédula. Dos horas antes, mi padre y yo habíamos hablado porque él me ha dicho que se encontraba caminando por la Plaza Mayor de Salamanca. Ahora le llamaba yo para adelantar su viaje de regreso.
Después he llamado a mi madre, que ha dejado lo que estaba haciendo sólo para ir a casa de mis tíos. Yo he cerrado la oficina y me he marchado, directa a casa de mis tíos.
Mi tío Pepe era hermanastro de mi padre, tenía 81 años y nunca se casó. Al ser tan mayor y estar algo flojo del corazón, llevaba casi un año viviendo en casa de mis tíos y primos. Hoy le ha costado levantarse de la cama, a las doce mi tía le estaba dando el desayuno, cuando se ha dado la vuelta para hacer algo y ha oído el golpe: mi tío se había caído de la silla y se había dado en la cabeza. Cuando yo he llegado, aún estaba allí su cuerpo, aún caliente, con los ojos cerrados. No quiero que en mi mente se quede ese último recuerdo de mi tío. Llevaba el jersey que le había regalado por Navidad.
Le incinerarán, el jueves le incinerarán. Aún no me hago a la idea, incluso después de haber visto su cuerpo antes de que se lo llevaran, para mí ese no era mi tío.
Aún no me hago a la idea. Tengo tantos recuerdos de él, de siempre, que me parece mentira que ya no esté.
Adiós, tío, estés donde estés.
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