Hoy ha sido un día que parece que nunca ha de acabar. El día ha sido largo. Demasiado largo.
Demasiada gente, demasiados besos, demasiados pésames.
Está todo demasiado reciente, pero aún no consigo hacerme a la idea de que él ya se ha ido, de que él ya no está.
Cuando regresábamos esta noche me fijaba en el cielo, cubierto con un sinfín de estrellas, y pensaba que mi tío quizás nos estuviera observando desde allí.
Mañana volveré a la oficina, aunque sólo estaré por la mañana. Me niego a perder otro día donde mis pensamientos llevan de nuevo a la memoria y a evocar momentos con mi tío. Decía un ex consejero de cultura esta mañana que las personas perviven en la memoria y que mi tío fue una persona que pervivirá en la memoria.
El próximo editorial de la revista cultural lo escribiré yo. Nunca he estado en la Junta de la Asociación, así que no he tenido el honor de plasmar ninguno, pero esta vez y como homenaje, el director de la revista me ha preguntado si quería escribirlo yo. Es curioso, porque esa misma revista nació gracias a una idea que surgió, hace veintitrés años, en la mente de mi tío.
La incineración es mañana a las diez de la mañana. El funeral será por la tarde.
Me da la sensación de que sigo flotando, incluso aunque hoy he tenido ocasión de contemplar su estado de paz una y mil veces.
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