Le amo. Le amo con toda mi alma. Ahora lo sé. Siempre lo he sabido, pero al alejarme de él, al intentar poner distancias entre su mirada y mi alma, me encuentro con que pienso más en él de lo que pensaba antes de poner pies en polvorosa.
Pensaba que, al alejarme de él, tendría ocasión de pensar en la última noche, aquella mañana en que nos separamos para no volvernos a cruzar durante largas semanas, durante días sin sol. Pensaba que quizás pensando en todo lo que ocurrió (o en todo lo que no ocurrió) podría dejarlo correr, intentar olvidar. Pero no ha sido así. Pensaba que me ruborizaría al recordarlo, pero mi corazón no podrá nunca avergonzarse de aquello que siente, que además es algo muy hermoso.
De todas formas, voy a continuar desaparecida. Necesito que él no me vea, ni que sepa nada de mí, igual que él necesita que yo tampoco le vea ni sepa nada de él. En estos momentos, creo que es mejor así.
Hace unos días creía que había perdido mis sueños, pero no ha sido así. Mis sueños han regresado, más fuertes que nunca. Vuelvo a soñar con él cada noche, vuelvo a despertarme recordando su imagen angelical con las primeras luces del alba, vuelvo a recordar que por esas calles que camino cada día quizás él ya haya pasado o pasará más tarde.
Y ha vuelto el deseo. Ese deseo de él, el anhelo de su mirada, de su sonrisa, de su voz, de sus palabras, de sus manos. Echo de menos la magia que desprende.
Pensaba que, al alejarme de él, tendría ocasión de pensar en la última noche, aquella mañana en que nos separamos para no volvernos a cruzar durante largas semanas, durante días sin sol. Pensaba que quizás pensando en todo lo que ocurrió (o en todo lo que no ocurrió) podría dejarlo correr, intentar olvidar. Pero no ha sido así. Pensaba que me ruborizaría al recordarlo, pero mi corazón no podrá nunca avergonzarse de aquello que siente, que además es algo muy hermoso.
De todas formas, voy a continuar desaparecida. Necesito que él no me vea, ni que sepa nada de mí, igual que él necesita que yo tampoco le vea ni sepa nada de él. En estos momentos, creo que es mejor así.
Hace unos días creía que había perdido mis sueños, pero no ha sido así. Mis sueños han regresado, más fuertes que nunca. Vuelvo a soñar con él cada noche, vuelvo a despertarme recordando su imagen angelical con las primeras luces del alba, vuelvo a recordar que por esas calles que camino cada día quizás él ya haya pasado o pasará más tarde.
Y ha vuelto el deseo. Ese deseo de él, el anhelo de su mirada, de su sonrisa, de su voz, de sus palabras, de sus manos. Echo de menos la magia que desprende.
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