Me gustaría verle, claro que sí. Me gustaría mirarle a los ojos, aunque me ruborice. Me gustaría escuchar esa voz tan perfecta.
A veces nunca sabemos dónde puede estar esa persona tan dulce. En el fondo, creo que me da palo encontrarme con él, aunque será algo que ocurra, tarde o temprano.
Últimamente le evito en el café, en la calle, en cualquier sitio. Y siento que me falta algo. La magia es importante, y en realidad me falta esa magia que llega siempre con él.
Algo de pánico sí que tengo al ser consciente de que podría encontrarme con él.
Es tan hermoso lo que he soñado esta noche. Pero no quiero que sea sólo un sueño, quiero vivir ese sueño. Al final terminaré pensando que soñar es pecado.
Me cuesta mucho no decirle nada. Pero es mejor así. Yo no me voy a desenamorar de la noche a la mañana. Y creo que él también debería tomarse su tiempo para pensarlo. Le vi indeciso, no sé por qué, pero estaba indeciso. Es mejor que cada uno reanude su camino sin cruzarnos durante un tiempo.
Anoche estuve a punto de desearle suerte en la comida, pero me obligué a no hacerlo. Esta mañana, en la cafetería, me he encontrado con V., me ha saludado y ha hecho un gesto de ánimo al tocarme el brazo, ha debido ver que me ponía nerviosa al cruzarme con él. Entonces he recordado que hoy es miércoles.
Ya no veo su coche. Desconozco dónde estará. Pensaba que podía encontrarse a las tres si estaba comiendo por ahí. Me gustaría preguntarle qué tal ha ido la comida, pero no lo voy a hacer. Un tiempo sin palabras, sin miradas, sin cruzarnos. Son esos momentos de distancia los que engrandecen los sentimientos, porque si en un tiempo sigo amándole tanto será que este amor merece la pena.
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