Esta mañana ha amanecido blanco. Pero la nieve de enero no se mantiene durante mucho tiempo. Creo recordar que anoche me quedé dormida y que, en cierto momento, entró mi madre a decirme que apagara la luz, mientras el perrito ladraba en plan protector. Me sumí en la oscuridad y seguí durmiendo. Esta mañana me ha costado levantarme. Pensaba en él, en lo magnífico que sería dejar nuestras huellas sobre la nieve inmaculada. Pensaba en él, como hacía tiempo no pensaba. Ha vuelto a aflorar el deseo de él, el anhelo de sus caricias, de sus besos, de sus palabras, de su mirada. Me imaginaba cómo hubiera sido encontrarse con él anoche, en caso de que hubiera salido. Me pregunto si seré capaz de llamarle mañana o le diré a alguien que lo haga por mí.
Le echo mucho de menos.
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