Me da igual ponerme a leer, ponerme a mirar cosas en el iPad, ponerme a ver la televisión o ponerme a navegar por internet, que mi mente no está en estos momentos para centrarse en nada... más que en mi tío.
Hoy mi tío ocupa todos mis pensamientos. Los recuerdos me apabullan y me hacen llorar. Nunca viene bien que alguien se vaya en ese viaje que sólo tiene billete de ida. Nunca viene bien.
Siempre recuerdo a mi tío mayor, con algunas hebras de pelo blanco, las gafas oscuras después de que perdiera parcialmente la vista. Siempre me regalaba libros y siempre me los dedicaba. Con nueve años me enseñó mecanografía. Con diecisiete años me ayudaba con los textos de latín. Era un erudito. Estudió en el seminario hasta que aquel petardo le explotó y perdió parte de la vista y varios dedos de una mano.
Podría seguir escribiendo, pero cada recuerdo me duele.
Podría seguir escribiendo, pero cada recuerdo me duele.
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