No creo que salga este fin de semana. Mi padre dice que lo que ha ocurrido ya no tiene vuelta de hoja y tenemos que seguir viviendo, haciendo nuestras vidas. Pero me cuesta. Los recuerdos son muy intensos, aún no me lo creo, incluso después de todos estos días. Sin embargo, mi moral no está para salir estos días.
Tengo que esbozar el editorial, ahora que los recuerdos son tan vívidos, que todo es tan reciente.
Hay días que, de repente, me encuentro llorando, recordando los buenos momentos de mi tío, todo lo que aprendimos con él, todo lo que sabía, sus lecciones de vida y de latines, de solfeo, de mecanografía, de política...
De repente, me desmorono porque los recuerdos me desbordan, y aparece el dolor por el sentimiento de vacío, el pensamiento de ser consciente de que ya no le veré más.
Estos días me estoy moviendo como si fuera un robot, me mantengo ocupada, aun sabiendo que centrarse al cien por cien es tarea casi imposible.
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