Hoy me he desmoronado inevitablemente. Ha habido un momento en que me sentía tan solitaria que, de repente, he sentido que las lágrimas empezaban a fluir por mis mejillas, tan incontenibles como agrias.
Ocho días sin noticias, ocho días sin magia, ocho días sin color, ocho días sin amor. A veces me resulta demasiado doloroso. Pero una fuerza en mí me impide ponerme en contacto con él, pese a que una vocecilla interior siempre está sugiriendo lo contrario.
Ojalá las cosas fueran más sencillas.
Desde hace días he empezado mil correos de amor y todos los he terminado borrando.
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