Hoy es uno de esos domingos que son verdaderos domingos de pereza extrema. Es uno de esos domingos en que termino pensando en él, lo que no está mal, porque mientras que le dedique unos minutos de pensamiento siempre habrá lugar para una sonrisa.
Me pregunto dónde estará, aunque no me resulta muy difícil deducirlo. Los domingos serían magníficos junto a él. Me pregunto si le veré esta semana. Tengo ganas de verle, con todo lo que conlleva verle después de veintitantos días.
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