Los recuerdos fluyen solos, como un río. Me reconforta pensar en mi tío, en todo lo que hizo, en todo lo que fue, en cada rincón de mi pueblo que se levantó cuando él estaba en el Ayuntamiento o cuando fundó la Asociación Cultural.
Tenía piernas de atleta y el corazón un tanto ajado. Pero el mecanismo de su corazón siguió latiendo hasta que esta mañana se ha parado. Sin avisar. Rápida y silenciosamente.
Visité Burgos por primera vez cogiéndole de las manos. Cuando era una niña y me regalaba un día en la ciudad vecina, nunca se cansaba de llevarme a ver al Papamoscas a las doce del mediodía. Ese día siempre me compraba un vestido. Los libros de cuentos que leía en la infancia siempre llegaban por él. No eran los únicos, pero sí los más interesantes.
De repente, su corazón se ha parado. Los recuerdos siguen fluyendo.
De repente, su corazón se ha parado. Los recuerdos siguen fluyendo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario