Lo peor del día siempre es la noche, porque entonces tengo más tiempo libre y vuelvo a recordar, a pensar, a echarle de menos.
Hoy también me he desmoronado. Me pregunto cuánto tiempo estaré así. Me pregunto cuánto tiempo me costará recuperar mis sueños.
Hoy me duele el corazón y no hay bálsamo existente que pueda atenuar ese dolor. Debería ir a dormir, pero ¿cuánto tiempo tardaré en cerrar los ojos e intentar descansar?
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