Reconozco que, en los últimos días, apenas he escrito, quizás debido a las circunstancias extraordinarias en las que me he encontrado inmersa. Sobre todo, emocionalmente.
Lo cierto es que esta noche echaba de menos ese momento antes de dormir en que siempre dedico unos minutos de pensamiento a un ángel. Me pregunto si ya estará durmiendo. A veces, me gustaría susurrarle al oído que duerma bien. El jueves volví a verle y volví a sentirme tocada por su magia. ¿Qué milagro hace él que, siempre que aparece, todo lo que me rodea siempre está dotado de una perfección sin igual?
Ni mil millas de distancia ni mil días sin él conseguirán eclipsar ese tipo de magia que sólo viene con él. Al volverle a ver me sentí de nuevo hechizada, me pregunté cómo había podido aguantar tanto tiempo sin mirar a esos ojos angelicales, sin sentir la dulce caricia de su magia. El jueves comprendí todo lo que le había echado de menos.
Le quiero tanto...
Me voy a soñar con él.
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