
No creo que ocurra, al menos en un tiempo. De hecho, temo que eso llegara a pasar. Quizás el hecho de la felicidad que me aporta es suficiente para no permitir que esa llama se apague, al menos ahora.
Sin embargo, yo sí me he sentido más apagada últimamente. No sé las razones, aunque puede ser un poco de todo: no ver nada que me lo recuerde, como su coche aparcado cerca para sentirle próximo; no saber nada de él, aunque cuento con medios para enterarme de algo si quisiera (aunque hace tiempo opté por no hacerlo, más bien, si quiero saber algo prefiero preguntárselo a él); esa lucha interna por la que no sabré qué hacer si me lo encontrara... Y, con todo, estoy hablando de una persona a la que vi hace dos días. Pero parece todo tan lejano... Verle sin decirle nada es como contemplar una fotografía: puede traerte recuerdos, pero es una imagen sin más, estática, congelada en el tiempo, inmortalizada para la eternidad.
Creo que terminaré escribiéndole un correo cualquier día de estos. Me da la impresión de que tengo muchas cosas que contarle, aunque soy consciente de que cuando esté ante la página en blanco me costará empezar.
Sólo hay dos personas que me han notado más sombría, menos risueña, apagada... y esas dos personas son aquellas con las que más horas paso al día. Y no puedo ni quiero explicarles los motivos.
De momento, la llama no se apaga.
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