Es inevitable que un libro de John Boyne no te toque el alma. Ya me ocurrió hace más de un año, cuando me leí El niño con el pijama de rayas; esta vez no iba a ser menos.
La historia de los Romanov, de la última familia de zares que reinó Rusia, es enigmática y, al mismo tiempo, está dotada de una atracción insólita. No comparto las ideas de la autocracia, sobre todo si el pueblo se muere de hambre, como ocurrió en Rusia antes de la Revolución Bolchevique, como en otros muchos países. Sin embargo, la última dinastía de zares de la Rusia imperial está rodeada de un halo de cierto misterio. Son muchas las hipótesis que aseguran que al menos un miembro de la familia, Anastasia, logró escapar al destino que les habían deparado, que se refugió en Europa con otra identidad. Hay un sinfín de películas y libros que acreditan esta posibilidad. Yo no lo creo posible. Fruto de esto, han aparecido numerosas impostoras a lo largo de la historia intentando usurpar una identidad de sangre azul que no les correspondía. Yo no creo que nadie de los Romanov escapara, y menos una joven (Anastasia tendría entonces 17 años) sin experiencia de la vida y educada entre algodones, y no lo creo porque si fuera ella como se la ha pintado a lo largo de la historia, la digna hija del último zar de Rusia, Nicolás II, se hubiera enfrentado a la muerte junto a los suyos. Si hubiera logrado huir, como se teorizó en su momento, no hubiera sido posible sin ayuda. Creo que es un tema que debería desligar del argumento del libro, para hablar sobre esto en otro momento y con más tiempo.
El libro, escrito en primera persona, narra la vida de Georgi Yáchmenev, un mujik de una pobre aldea rusa que, siendo aún un muchacho, salva la vida del primo del zar cuando éste pasa por el pequeño pueblo. Como recompensa, el jefe de los ejércitos le envía al Palacio de Invierno de San Petersburgo, la residencia del Zar, que busca un muchacho parejo en edad al zarévich, el hijo pequeño de Nicolás II, Alexis. Abandona todo y el primer contacto con la Guardia Real es cuando ve a las cuatro Grandes Duquesas, las hijas del Zar, Olga, Tatiana, María y Anastasia.
Entre el joven Georgi y Anastasia surge un romance que se incrementará con el tiempo, siempre a escondidas. Cuando el stáretz, el padre Grigori Rasputín, descubre el secreto, comienza a chantajear a Georgi. El joven sabe que, si el Zar se entera, sólo le queda el destierro a Siberia. Así que planea el asesinato del monje, el confesor de la Zarina Alejandra. Pero unos príncipes parientes del Zar se le han adelantado.
El pueblo busca la revolución y la obtiene en 1917, cuando el Zar es obligado a abdicar, mientras su familia es enviada a un pueblo de Siberia, Ekaterimburgo, y alojada en la enorme casa de un comerciante, la casa Ipátiev, más conocida como "la casa del propósito especial".
Después de muchos días caminando por abruptas tierras, acogido por campesinos, con el aspecto cambiado y huyendo como un fugitivo, Georgi consigue llegar a Ekaterimburgo en busca no sólo de Anastasia, sino de todos los Romanov. Es María la que se lo encuentra y la que le explica que no tienen mucha vigilancia porque los bolcheviques saben que no van a escapar. Los Romanov esperan un exilio que nunca llegará. Cuando Anastasia decide salir una noche, burlando a sus captores, se apuesta sobre una ventana exterior, desde donde contempla, horrorizada, cómo toda su familia es asesinada a bocajarro. Los soldados saben que falta una hija, pero no se proponen buscarla. Ahí comienza la huida y el posible descubrimiento de la verdadera identidad de la joven. Junto a Georgi, consiguen escapar a París y, en el futuro, se trasladan a Londres, donde vivirán felices. Anastasia se cambia el nombre y se hará llamar Zoya, que significa "vida".
El libro está escrito como si fueran dos historias paralelas, aunque realmente es una historia circular. Por una parte, corre el año 1981 con Zoya postrada en una cama de hospital, con un cáncer terminal y, a su vera, se encuentra un anciano, Georgi Yáchmenev, su marido, que empieza a rememorar su vida. La historia actual transcurre retrospectivamente, es decir, que él recuerda fragmentos que saltan a un momento anterior. Esos fragmentos de su vida y su amor, su lucha por Zoya, se unen en el momento en que se encuentran en "la casa del propósito especial", con él creyendo haberla perdido para siempre tras escuchar los disparos y después de muchos meses buscándola, y ella que termina en sus brazos sin poder hablar, muda ante lo que acaba de suceder ante sus ojos, sacándole a su amado la promesa de que no la abandone nunca, porque en ese momento se ha quedado sola y únicamente le tiene a él.
En cierto momento, Anastasia le cuenta con tal crudeza el momento en que vio cómo varios revólveres apuntaban a sus padres y hermanos que es inevitable no estremecerse. Se me ha escapado la lagrimilla.
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