
No sé los años que cumplirá mi abuela, aunque se acerca lentamente a los ochenta. Si no nieva mañana y puedo conducir iré a verla. Si nieva la llamaré por teléfono e iré otro día a visitarla.
Es su día y agradece todos esos momentos en compañía de los nietos.
Yo me parezco mucho a ella: en el nerviosismo y en la ansiedad. También me gustaría llegar a su edad con el pelo casi negro, como lo tiene ella, y con esa sonrisa reluciente. Además he heredado de ella la buena mano en la cocina. Siempre digo que cocino mal, pero no es cierto; me gusta experimentar y, cuando me pongo, me salen cosas deliciosas.
En su día, tocaba una felicitación de cumpleaños para ella. Aunque mi abuela desconoce los entresijos de las tecnologías modernas. Sólo que no está de más regalarle una flor y unas palabras.
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