
Me está ocurriendo lo mismo que hace unos meses, cuando me moría por ir a verle. De hecho, aguanto con muchos esfuerzos. Sería capaz de buscar cualquier excusa. Creo que ha pasado más de un mes desde la última vez que nos encontramos por ahí. Esto es como una pequeña tortura, pero es soportable porque está muy cercano, aunque no nos veamos nunca, pues del mismo modo que no nos encontramos cualquier día puede pasar que nos veamos. Por eso quizás no me preocupa el hecho de no verle nunca.
Me está ocurriendo lo mismo que hace unos meses porque no puedo irme a dormir sin dedicarle un último pensamiento y, además, plasmarlo por escrito. No hablaré de los últimos sueños porque me ruborizaría con gran facilidad, aunque sigo soñando con él día sí y día también. No me extraña que me sienta tan viva.
No hacía mucho cuando mucha gente me decía que estaba triste. Parece ser que esa tristeza que yo no quería corroborar se vio eclipsada por una luz superior, su luz. Es, sin duda, un buen momento para dirigirme a imaginarle.
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